Las hijas olvidadas de Lilith

En el Día de la Visibilidad Trans, la lucha por los derechos trans en el Perú sigue siendo urgente frente a la violencia sistemática y la exclusión institucional.

Lima, 31 de marzo.
En el marco del Día Internacional de la Visibilidad Trans, diversas voces del Activismo, el feminismo y los movimientos populares recuerdan que, en el Perú, ser visible sigue siendo un acto de resistencia. Lejos de tratarse únicamente de una fecha conmemorativa, este día expone una realidad marcada por la violencia sistemática, la exclusión social y el avance de discursos y políticas públicas que buscan disciplinar, borrar o expulsar a las personas trans de la vida pública.

En un país donde los cuerpos trans siguen siendo constantemente cuestionados, precarizados y violentados, la visibilidad se convierte en una herramienta política frente al silencio impuesto. En Perú, la situación de esta población continúa siendo alarmante: el 95 % de mujeres trans ha sufrido violencia, y el 62 % se dedica al trabajo sexual debido a la falta de oportunidades laborales, según datos citados por la Pontificia Universidad Católica del Perú a partir de informes de la Defensoría del Pueblo.

Frente a este escenario, la activista y feminista Alejandra Fang sostiene que “la visibilidad de las personas trans es la respuesta contra el fascismo que intenta instaurarse en la sociedad”. Para Fang, las mujeres trans encarnan una memoria de lucha profundamente ligada a los movimientos populares:
“Las mujeres trans representan la resistencia y la resiliencia de los movimientos populares en busca de derechos”, afirma.

Sus palabras cobran mayor relevancia en un contexto donde sectores conservadores intentan consolidar una agenda de persecución moral y exclusión política. Desde distintos espacios del poder se han promovido narrativas que buscan asociar a las personas trans con una supuesta amenaza al orden social, la familia o la niñez, alimentando así un clima de odio y deshumanización. Estas ofensivas no son hechos aislados: forman parte de una estrategia de muerte social, es decir, de expulsión simbólica y material de las personas trans del reconocimiento ciudadano, jurídico y humano.

En ese marco, activistas denuncian propuestas y discursos políticos que instrumentalizan la llamada “ley de indemnidad sexual” para reforzar una agenda antigénero, desinformar a la población y legitimar nuevas formas de exclusión contra las personas trans. Lo que se presenta como protección termina funcionando, en la práctica, como una tecnología de control sobre los cuerpos, las identidades y las posibilidades de existencia de quienes desafían el mandato cisheteronormativo.

Pero frente al odio, también existe organización. Colectivas y espacios de base vienen construyendo alternativas desde hace años. Una de ellas es Yemayá Batucada, agrupación que desde el artivismo ha hecho de la música, la calle y la presencia colectiva una forma de incidencia política. Su trabajo no solo interpela la violencia estructural, sino que también articula luchas históricas del movimiento feminista y disidente, como la Ley de Identidad de Género y la despenalización del aborto.

Por eso, este 31 de marzo no puede reducirse a un hecho decorativa. La visibilidad trans no consiste únicamente en ser vistas, sino en exigir condiciones reales para vivir con dignidad, seguridad y libertad. Mientras el Perú siga siendo un país donde tantas mujeres trans sobreviven bajo violencia, exclusión y precariedad, la lucha no habrá terminado.

Porque nombrarlas también es reparar. Porque reconocerlas también es resistir. Porque en tiempos donde el odio busca volverse política de Estado, las hijas olvidadas de Lilith siguen diciendo, con fuerza, que están aquí, que existen y que no volverán al silencio.

“No seremos libres mientras alguna mujer no sea libre, aun cuando sus cadenas sean muy distintas de las mías.”Audre Lorde

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