Categoría: Colectivos

  • #8M2023 Mujeres Afros

    #8M2023 Mujeres Afros

    Llegó marzo y las colectivas de mujeres y disidencias se encendieron para movilizarse rumbo al #8M.

    Para este año las convocatorias fueron variando y los puntos de concentración y marcha dispersándose a lo largo del territorio. Pero en todas las consignas apuntan a activar y militar el antirracismo.

    La consigna desde la Plataforma 8M, Intersocial Feminista las mujeres sindicalistas es muy potente: “Feminismo de clase, Antirracista y Anticapitalista”. Como se visualizan las las mujeres afro en el sindicalismo y el feminismo de Uruguay.

    En esta nota entrevistamos a activistas / militantes y feministas afrouruguayas.

    Rosana Ortiz es integrante de Mizangas (Movimiento de Mujeres Afro)

    Nos compartió algunas apreciaciones de por qué convocan una marcha por Isla de Flores para este 8 de marzo.

    Rosana: Este 8M desde Mizangas (Movimiento de Mujeres Afro) volvemos a marchar por Isla de Flores, para volver a la raíz, a las primeras movilizaciones barriales autoconvocadas, para habitar un espacio autocuidado, desde el transfeminismo negro antirracista e interseccional que no excluye, nos protege. Durante los últimos años y en particular en los últimos meses, hemos sido agredidas y estado expuestas a situaciones de violencia racista: Primero, en las redes sociales y medios comunicación donde nos siguen tratando como “primates” a las personas de ascendencia africana; segundo, con la apropiación  cultural, económica e identitaria y tercero con prácticas ofensivas contra nuestra identidad y experiencias como mujeres afro, como el blackface, que tristemente están naturalizadas  incluso dentro de nuestra comunidad. Es por eso, que ya con 17 años de activismo y militancia colectiva antirracista, hemos aprendido a retomar nuestros conocimientos y  tecnologías ancestrales, cómo es el concepto de Sankofa. Dentro de la cosmovisión africana Sankofa es un ave mítica que vuela hacia adelante con su cabeza mirando hacia atrás, cargando un huevo que representa el futuro. Para nosotras esa imagen se consolida en una práctica del feminismo antirracistas y “mujerismo africano” de no olvidar mirar hacia nuestra ancestralidad y nuestras raíces para proyectarnos en el futuro que queremos.

    Lourdes Martínez

    Foto Lourdes Martínez – COLECTIVAMUJERES

    LM: La consigna definida para la movilización del 8M 2023: “Feminismo de clase antirracista y anticapitalista”, sin duda es una resolución histórica que la celebramos, pero es necesario poner en tensión las siguientes reflexiones. Sin duda hay un feminismo de clase, que venimos denunciando de los inicios del feminismo antirracista y al que le exigimos que el feminismo se lea en clave de interseccionalidad. El feminismo que considera la clase, el género pero ignora los efectos del racismo es un feminismo hegemónico, que como tal nos excluye y nos margina al círculo de la desigualdad (privilegio / opresiones). El feminismo antirracista, lo venimos construyendo, entre nosotras y con nuestras aliadas, pero nuevamente la carga nos pertenece, se considera un problema, un tema de agenda de las mujeres afro, y esa es una percepción equivocada, que el feminismo se declare antirracista requiere además del slogan que se ponga en práctica.

    Que el feminismo debe ser anticapitalista, esto es un acuerdo unánime. En relación al vínculo de las mujeres y el sindicalismo es de orden poner en contexto la situación de desigualdad en la que nos encontramos a la hora de la inserción en el mercado laboral, que se caracteriza por la precarización e informalidad en un alto porcentaje. Esto reduce, entre otras cosas, el porcentaje de mujeres afro con empleos formales y por ende menos aún sindicalizadas.

    Hablamos de los feminismos, como clave para enfatizar que estamos en una construcción heterogénea, con tensiones, y con acuerdos que nos permiten cohabitar las luchas e identificarnos como parte de una lucha política en común. El feminismo será antirracista o no será.

    Virginia Aurelia

    Foto Virginia Aurelia AFROFLORECIENDO (Paysandú)

    Para la convocatoria del 8M trabajo de forma permanente, una fecha como esta me contradice, porque es importante visibilizar la lucha, poner el cuerpo en la calle, hacerse presente. Pero no es eso solamente. ¿Y después, en la diaria, que hago?

    Los 8 de marzo van a valer cuando cada vez tengamos más mujeres en la calle. Permitiéndose un momento para ellas, personal, de entender que tenemos que detenernos, que nos merecemos detenernos, pensarnos y unirnos con las hermanas, por más conquistas. Las alianzas con los movimientos feministas me ha tocado vivir espacios en donde se pretendía dejar la lucha contra el racismo para después. Por lo tanto en los espacios de militancia con Afrofloreciendo desde el momento uno debe estar la lucha contra el racismo lo contrario no tenemos cabida en ese espacio. Las mujeres afro padecemos el vivir en una sociedad racista, la estructura del racismo atraviesa a la sociedad toda, el movimiento feminista, no es ajeno a esta realidad, por tanto a nosotras todo nos cuesta el doble.

    Foto Rita Uriarte UAFRO – Intersocial Feminista

    Desde la Intersocial Feminista comenzamos a organizarnos en febrero, bastante antes que otros años. El objetivo principal fue lograr el paro de mujeres, que ya hace 7 años venimos entregando solicitudes al PIT-CNT para lograr esto que bien nos merecemos. Nos organizamos en reuniones que nos convocaban en grupos de articulación y organización, territorio, proclama y difusión. Yo estoy en la parte de territorio y desde allí nos conectamos con varios departamentos, y localidades, lo que fue algo muy positivo: Rivera, San José, Chuy, Paso de los Toros, los colectivos en territorio están trabajando cada vez con más energía, fuerza, organización, convocatorias.

    A las mujeres afro nos toca hoy estar preparadas, formadas, con herramientas para poder exigir presencia y participación en el movimiento feminista.

    El trabajo dentro de la Intersocial Feminista para declararse antirracista costó, pero logramos trabajar con las compañeras para que esa declaración existiera, y a partir de allí ante cualquier tema de racismo no solamente conseguimos apoyo, sino que nos consultan, trabajando en la interseccionalidad porque nosotras participamos en ese espacio como iguales. Hoy me siento muy valorada porque lograr la declaración de antirracismo nos permitió estar y ver el impacto que esta declaración genera en los grupos que son parte de la Intersocial Feminista. Porque un espacio que no se declara antirracista es racista. Articular con la Intersocial Feminista para el 8 de marzo nos permite como decíamos en el EFLAC 2014 ser diversas pero no dispersas.

  • Centro Social: «El Galpón de Corrales»

    Centro Social: «El Galpón de Corrales»

    #Uruguay #ResistenciaSolidaria

    Con estas imágenes, cerramos el recorrido realizado con Resistencia Solidaria, por el Centro Social: El Galpón de Corrales, ubicado en el barrio de Villa Española, que funciona como centro de acopio de la Coordinadora Solidaria de Villa Española.

    Desde 1999 inicia su trabajo comunitario como comedor popular.

    Mediante diversas iniciativas, este espacio ha construido un fuerte vínculo con el territorio y su comunidad, construyendo espacios de participación y socialización entre los y las vecinos/as de la zona.

    Actualmente funciona la Radio Comunitaria Barriada FM, la Biblioteca Popular León Duarte, el espacio artístico La Fogonera, el Periódico barrial y popular La Barriada. Ensayan murgas, grupos de candombe.

    Tiene una huerta comunitaria y recientemente se ha refaccionado e inaugurado el salón León Duarte donde se reúnen varias cooperativas, sindicatos y grupos vecinales. Por ejemplo, la Coviint-2, quienes trabajan en el proyecto «Por un techo digno» y la Unión de Clasificadores de Residuos Urbanos Sólidos (UCRUS).

    Cuenta con un rincón infantil y una olla que sirve en promedio 350 porciones en la olla, y el merendero está entregando alrededor de 150, donde cada vez más personas se acercan.

    Actualmente están realizando la primera etapa de la obra del proyecto «Manos Solidarias» presentada al Fondo Por Mas del Plan ABC (IMM). Allí funcionará un salón de acopio de aparatos ortopédicos, un taller de serigrafía y una sala de psicomotricidad para personas con discapacidad.

    «Junto a las diversas luchas, junto a los trabajadores, los cooperativistas, los/as estudiantes, los/as jubilados, junto a las organizaciones feministas, de la diversidad, las organizaciones de derechos humanos, y las diversas organizaciones sociales y populares de nuestro pueblo, de su seno hemos recogido un legado de solidaridad y de lucha, de compromiso y de resistencia.»

    ✊🏼Por trabajo, pan y techo.

    Resistencia Solidaria.

    🍲 OLLAS QUE INTEGRAN LA COORDINADORA SOLIDARIA DE VILLA ESPAÑOLA:


    Olla Villa Solidaria
    Olla La Unión
    Olla Utc / Funsa
    Olla Las de a Pié
    Olla Santa María
    Olla Rompiendo Barreras
    Olla El Galpón de Corrales
    Olla Merendolla 44
    Olla Unidos Somos Mas
    Olla La Hora Feliz
    Olla Barrios Unidos
    Olla Pancitas Felices
    Olla Juntos Podemos
    Olla Malvín Norte
    Olla Luisa Cuesta
    Olla Club Victoria
    Olla Los Chiquititos
    Olla Fogón Artiguista
    Olla Los Teros
    Olla Realojo Isla de Gaspar
    Olla La Cañada
    Olla Lo de Richard
    Olla Don Márquez
    Olla Planta Burguez
    Olla Planta Geminis
    Olla Planta Durán
    Olla Brigada Solidar
    Olla 23 de Diciembre
    Olla Seis Barrios
    Olla Tres Palmas
    Olla Sembrando
    Olla Alto Guiso
    Olla Las Viviendas
    Olla La Chini
    Olla Brazo Solidario
    Olla De Zoe
    Olla Los Sueños
    Olla Realojo La Manchega

    📷

  • Una mirada desde la experiencia de la olla popular del barrio Kennedy

    Una mirada desde la experiencia de la olla popular del barrio Kennedy

    Menos mantel y más pan

    En medio de un contexto socio político complejo, en 2020 apareció una pandemia que tomó como principal medida la orden de aislamiento social,   el quedate en casa se viralizó a escala mundial, aunque claro, este eslogan que se dispara desde el privilegio mediático, no resuena en todas las latitudes por igual, ni siquiera a escala local. La orden de distanciamiento social   agudizó la precarización existente, sobre todo para  quienes no tienen una casa, o para quienes tienen la obligación de salir a buscarse el pan, porque quedaron sin laburo o en seguro de paro,  o para las mujeres sobrecargadas con las tareas de cuidado y sostenimiento, tras los cierres de centros educativos, recreativos y la restricción de la atención en los centros de salud.

    Ante una situación de amenaza, muchas veces se activa una reacción de supervivencia, como una memoria que registra y se actualiza, que nos permite sentir y actuar de un modo y no de otro. Es así como toda obligatoriedad a formar  burbujas individuales, ha sido desobedecida por miles de personas que decidieron no contagiarse de indiferencia, y salieron a crear comunidad desde los distintos lugares donde se encuentran. Una de estas iniciativas se ve reflejada en la puesta en marcha de las ollas populares.

    La comida cumple una función vital en todos los pueblos, no sólo en esta dimensión de vitalidad, también porque los alimentos que se consumen, la forma de prepararlos, son reflejo de la economía y cultura de cada territorio.

    Según el informe de sistematización de las ollas populares realizado el año pasado, estos espacios han retomado con fuerza hasta el día de hoy, habiendo alcanzado alrededor de 700 entre ollas y merenderos en todo Uruguay. 1La mayoría de estas iniciativas, fueron mayormente tramas comunitarias existentes, renovadas y nuevas,constituidas por iniciativas vecinales, familiares, de clubes deportivos, de ollas previas y comercios locales, que dieron respuesta amplia a una necesidad nada sencilla de atender.(…) Estas iniciativas son como mínimo el 80% del total de ollas y merenderos. 

    1 (Entramados solidarios en tiempos de crisis.Primera sistematización sobre ollas y merenderos  populares en Uruguay 2020)

    Romper la burbuja, agitar la espuma

    Como es sabido y tal como allí se menciona, estos espacios lejos de estar exentos de conflictos y contradicciones, son lugares de encuentro y también de desencuentro, donde en ocasiones rondan distintos intereses a la hora de ponerlos en marcha y de sostenerlos. Lo que también es sabido que  con sus particularidades y diferencias  han sido y son parte de los entramados comunitarios para el sostenimiento de la vida en momentos de crisis, transformándose, en tal sentido, como lugares de supervivencia y resistencia para muchas personas.

    De este modo, la olla individual y familiar se transforma en olla barrial, se despliegan los grandes cucharones, se enciende el fuego colectivo y se extienden las redes para ese fin común. De igual manera se activa la organización, los registros de las reuniones, el reparto de tareas y las definiciones colectivas, esto se transforma en el relato de los procesos colectivos de organizaciones que se forman movidas por lo urgente, por lo común, por lo esencial.Las necesidades individuales, al conectarse con situaciones similares de opresión, en un lugar común, pasan a ser colectivas, con una realidad social política y económica difícil pero también con la búsqueda de alternativas.Esto sucedió en todos los rincones del país, Maldonado no fue una excepción.

    El barrio Kennedy está ubicado en pleno Punta del Este, en un territorio en disputa por el poder gubernamental y empresarial, por el alto valor de las tierras donde se encuentra. Producto de estas disputas, hace más de 40 años  miles de personas viven de espalda a las grandes mansiones y a una gran cancha de golf, privadas de los servicios básicos de salud, educación, transporte, saneamiento. Ante distintas situaciones los intentos de organización entre vecines terminan diluidos a causa de promesas y acuerdos que gobernantes de turno hacen como maniobra para desarticular cualquier acción colectiva, acentuando la injusticia social.Pese a esto, y entre tanto derrumbe literal y simbólico, cada vez que el barrio se ve acorralado, ha sabido responder de alguna forma a la búsqueda de alternativas para el sostenimiento de lo que lo mantiene en pie, la vida de las personas que lo constituyen..

    A fuego lento 

    Según vecinas del barrio Kennedy, la propuesta de la olla Popular surge a partir de la idea de autoconvocarse como vecinaes del barrio para un fin común, involucrando también a mujeres que a través de la Red Feminista de Maldonado generaron cercanía y lazos con el barrio. La idea fue volver a retomar la iniciativa de la olla popular, que tuvo un antecedente fuerte en el barrio, en el año 2002 y más recientemente en  2020 cuando comenzando el invierno vecinaes y colaboradoraes, sostuvieron la olla de lunes a sábados durante los tres meses más críticos de frío y baja laboral en la zona.  En 2021 resurge la intención de convocar un grupo y volver a comenzar, tomando como valor las experiencias anteriores.

    En el mes de abril se convocó a plenaria barrial para conversar  el para qué del espacio, e ir  acordando criterios de funcionamiento. De esta forma, se establece como objetivo principal, atender la necesidad del plato de comida, y generar una puerta de entrada  a la participación e involucramiento de vecinaes del barrio en los temas que les afectan, poniendo  en el centro la toma de decisiones colectivas, la cooperación  y el apoyo sin condiciones de por medio.

    La olla tuvo lugar en ”la madriguera” (espacio en construcción,impulsado inicialmente por compañeras de la Red Feminista de Maldonado) donde ya se han realizado otros encuentros, y donde funcionó la merienda feminista entre abril y agosto de 2020. Los primeros acuerdos fueron priorizar la continuidad de la olla, siendo realistas con las posibilidades de organización de las donaciones y también del tiempo que quienes la integraran podrían destinar, las protagonistas fueron vecinas mujeres, que en su mayoría, ya habían participado en instancias anteriores .

    Los sábados 8:30 estábamos en la madriguera, mientras una compañera sacaba el cartel, otras íbamos en busca de las donaciones, juntas picábamos y cocinábamos, aportando su experiencia. Vecinas que aportaban su granito de arena para polentear la olla, también otras colaboraciones que llegaban a la puerta y nos daban más fuerzas para seguir».

    Destapar la olla 

    «No nos paró la lluvia, el frío ni el viento.Lindas mañanas compartidas con las compañeras, mediante café, mate y charlas, así todas juntas por ese fin en común: ese plato de comida caliente de los sábados».

    Durante el transcurso de los meses de abril y agosto , se fue dando una organización firme y responsable que pudo mantener las plenarias semanales entre semana (los días miércoles) que permitían entre otras cosas organizar cada olla. A esta instancia de participación se le sumó la división de roles y responsabilidades como: coordinar con diferentes personas que colaboraban y llevar las donaciones al espacio, difundir en medios locales, armar afiche de la olla para recibir donaciones, llevar un acta en un cuaderno de registro,conversar con vecines del barrio, colocar una caja afuera y un pizarrón, repartir las tareas durante la jornada de elaboración.

    En medio de cada olla surgieron intercambios, diferentes formas de habitar el espacio y de entender el para qué del mismo, no estuvo exento de conflictos, hubo personas que pudieron sostener las instancias colectivas y otras que no.Tampoco faltaron las  vecinas que no pudieron participar por estar sobrepasadas del trabajo de cuidados, pero que formaron parte del proceso, asumiendo tareas de coordinación de donaciones, entre otras formas de hacerse parte, como alcanzar colaboraciones entre semana, difusión etc. “Se repartían más de 100  viandas con pan. Nos reuníamos los miércoles para organizar qué se elaboraba: Salió lentejas, polenta, guiso,tuco, porotos…”

    Cada vecina tenía su dinámica personal, familiar,  pero según cuentan, valoraron  lo construido  y tenían como meta el poder sacar la olla cada semana, bien servida y con buenos ingredientes. Se plantearon de ante mano que no querían que la comida fuera escasa y sin nutrientes. “La olla era de esas grandes de 100 litros y servíamos la vianda bien llena para que podamos llevar para la noche y para el otro día. La cocinera  que arrancaba la fritada ya  condimentaba,mientras otras íbamos picando y otra iba a buscar la carne, quedaba  muy rico.Cuando estaba pronto después de repartir, nos sentábamos a comer juntas”.

    Se acordó aceptar las donaciones sin que se exigiera ningún tipo de contrapartida, comentan las vecinas que recibieron colaboraciones grandes de distintas organizaciones pero también colaboraciones diarias de vecines, hasta paquetes abiertos, que daban cuenta de la intención de quien aún no pudiendo comprar, se hacía presente aportando algo de lo que tenía en su casa. “Con respecto a la discusión de exigirle al gobierno que colabore con las ollas, no lo tuvimos presente, además teníamos la experiencia del año pasado, donde en plenas elecciones, aparecía una camioneta ploteada del partido político, justo cuando estaba la fila para levantar la comida, cada vez que venían a traer alguna colaboración a una olla o merendero. Está claro que sus intereses no son genuninos y además si tenemos que exigirle al Estado, no necesariamente son unos paquetes de fideos , sino que es una vivienda digna, trabajo, saneamiento, una escuela pública y todos los derechos básicos que nos han sido negado en todos estos años”.

    El grupo de la olla no era un grupo formado de antemano, con un posicionamiento político en común, pero al compartir un espacio con acuerdos construidos,donde cada una aportaba desde donde podía, se estuvo generando resistencia comunal, que se traducía en sacar una olla colectiva entre mujeres pero también excedía la alimentación, las hizo protagonistas de una organización barrial que por más mínima que parezca,las encontró en la acción “Y así mediante risas, escuchándonos y más allá de ese plato caliente que ayudó a que este invierno de pandemia no sea tan cruel, me queda la experiencia de la lucha, unión y fuerza que podemos conseguir juntas. Me quedó el corazón contento, cada mañana, porque entre problemas, es lindo aferrarse a un grupo que le dé para adelante”.

    Se culmina la olla, la polenta sigue…

    El último sábado de agosto se realizó la última olla, y el miércoles siguiente las vecinas llevaron adelante una reunión de evaluación y celebración, donde se propusieron seguir sosteniendo un armado de canastas mensual hasta fin de año, reuniéndose para esto dos veces al mes. “Surgieron ganas de seguir encontrándonos, para bailar zumba o tomar mate pero también para seguir apoyandonos juntas, nos dimos cuenta que podíamos”. Según relatan las vecinas, lo que en un principio fue una necesidad de alimentación pasó a verse también como un rato donde se salía de la rutina, se compartía un desayuno, un almuerzo, se festejaba un cumpleaños, se activa una red de apoyo.

    “También nos juntamos el día del niño, llevamos a nuestros hijos, repartimos regalos que conseguimos, si nos faltaba algo de ropa o calzado también lo conseguiamos.La abuela de una compañera nos hizo una torta que la rifamos el día de la madre pero no cobrabamos solo que tenian que llevar un alimento”

    Cuando las compañeras de la Red feminista eligieron el nombre la madriguera , resonó esa guarida que se excava en el suelo con el fin de crear un espacio para habitar o refugiarse temporalmente, proporcionando alguna protección contra los depredadores y “las inclemencias del tiempo”. Siempre a contramano de la neutralidad. Se puede decir que esta experiencia de la olla, hace un hueco en esta madriguera y se conecta con un proceso, que ha sido difícil e interrumpido, donde hay depositado mucho afecto y digna rabia. La olla y la madriguera se vuelven parte de una historia en común, que atraviesa, convoca, se reinventa y se conecta con la memoria colectiva del barrio y del feminismo en Maldonado.

    Referencias 

    Ollas y merenderos populares en Uruguay
    Tramas para sostener la vida frente a la pandemia. Informes de docentes de la Udelar, estudiantes de ciencias sociales y
    técnicos de AEBU- ENTRAMADOS SOLIDARIOS EN TIEMPOS DE CRISIS-Primera sistematización sobre ollas y merenderos
    populares en Uruguay 2020.

    María Gabriela Pauer “En torno a cuestiones fraseológicas de la Argentina: locuciones y frases gastronómicas del español rioplatense” en  Cum corde et in nova grammatica: estudios ofrecidos a Guillermo Rojo ISBN 978-84-9887-914-8, págs. 633-640

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  • Porque las mujeres y disidencias le decimos no a la LUC

    La Colectiva Radio Podcast


    Episodio 2 | #NOALALUC #feminismospopulares

    Segundo episodio de la Colectiva Radio Podcast

    Agradecemos a las colectivas que participaron de éste episodio:

    Colectivo cuál es la urgencia
    Coordinadora de Feminismos
    Intersocial feminista
    Colectivo Trans del Uruguay
    Resonancia de Paysandu
    Paysandu en contra de toda la Luc

    Agradecemos a Se Armó Kokoa por permitirnos usar su canción.

  • Relatos de ex Presas Políticas #MarchadelSilencio2021

    #MarchadelSilencio#20deMayo2021

    En el marco de la Marcha del Silencio, la Colectiva Inquietas, con la colaboración de la Colectiva Durazno, recabó seis relatos de mujeres ex presas políticas, entendiendo la importancia de dialogar con el pasado reciente desde una perspectiva de género.

    @colectivainquietas @lacolectivadurazno

  • Des-acatar para crear con voz propia/Despliegue feminista 8M

    Des-acatar para crear con voz propia/Despliegue feminista 8M

    TeTokaVoZ /Red Feminista de Maldonado

    Esas historias que merecen ser contadas…

    “Hay herencias , se sepan o no, hay saberes que se transmiten, intuiciones que se preservan y que tienen que ver con el esfuerzo de no olvidar la materialidad de las experiencias;de no sustituir lo que sucede o está pendiente en ese plano por retóricas abstracta o grandes programas” (M° Pía López, Apuntes para la militancia, p51)

    El 8 de marzo histórico de aquellas mujeres que se llamaron a huelga enfrentando a sus opresores, se conecta y se transforma en un 8M de todas y todes les que seguimos apostando a la vida digna. Una memoria de lucha se entrelaza con  realidades diversas y específicas, en cada rincón que nos encuentra, y va creando la historia común, que seguirá transformándose.

    Como expresan las compañeras latinoamericanas en Constelación feminista 8M  “lo arcaico re emerge como actualidad» «(…) la presencia masiva de nosotras/es hablando con voz propia” esa voz propia es la que ha fomentado un despliegue feminista en diversos ámbitos, pero sobre todo, ha fortalecido las formas populares de organización desde abajo, de desobediencia y de creación constante. Esta fuerza construida con voces, cabezas y manos propias, no cayó del cielo, se creó y se recrea en cada encuentro, cada intercambio, cada cántico, cada proclama colectiva,  cada pintada, cada pisada en la plaza del centro, del barrio o en el asfalto caliente, en cada grito y abrazo colectivo. Esta fuerza es la que forja nuestra memoria, una forma de hacer política, que se sabe dinámica, procesual, no exenta de conflictos, pero que vive y resiste, que renuncia a las agendas desde arriba y a las imposiciones lejanas y burócratas. Esta fuerza que pone sobre la mesa el imperativo colectivo de que ya no hay vuelta atrás!

    Hace unos años comenzamos a habitar la calle de Maldonado, cuando decimos la calle decimos el espacio público, las plaza del centro, la torre del vigía, muro en Av. San Pablo, la explanada municipal como punto de partida de las marchas. Desde la necesidad de romper con la indiferencia y de expresar nuestro dolor con los femicidios, construimos un “ir haciendo” común y público que nos transforma en sujetas/es políticas en lucha. Un dolor que nos dice que nuestras vidas valen, que no estamos dispuestas/es a seguir naturalizando la violencia patriarcal, que volvimos para quedarnos, retomar lo que nos han dejado nuestras hermanas históricas, creer y crear otras formas de vida.

    Maldonado, departamento donde la violencia machista alcanza cifras alarmantes, donde la precarización convive con los grandes capitales, en el que y la trata y la explotación sexual como consecuencia de la actividad turística no parecen merecer políticas departamentales específicas, donde la explotación recae sobre los cuerpos feminizados de formas inimaginables. En este territorio geopolítico complejo y hostil, comenzamos a tejer organización.

    Para muchos habitar lo público no implica un reto, lo tenemos claro. Sin embargo, para nosotras, ha implicado un largo proceso de construcción de acuerdos colectivos, aprender prácticas de autocuidado, enfrentamientos con la policía, con los placeros, con la ciudadanía patriarcal. En este proceso de construcción nunca, claro, dejamos de sostener nuestras/es diversas formas de reproducir la vida, de trabajar, de cuidar, de estudiar, de criar. Nos trataron de burguesas, de posmodernas, de intransigentes, de funcionales a la derecha, a pesar de ello seguimos insistiendo, armamos nuestra huelga, apoyándonos en otras compas de todas partes, tramando nuestros pasos, defendiendo lo construido, forjando alianzas necesarias.

    El marzo pasado  cuando gritábamos a viva voz “paramos el mundo”, fue cuando más tuvimos que sostener, cuando más tuvimos que seguir. Lo hicimos sin pensarlo,  porque nuestras vidas están primero y  porque sabemos que donde pega más fuerte la precarización y el desamparo  es en las que maternan sin salario, sin vivienda, sin escuela en el barrio, sin comida, en aquellas/es que sufren más de cerca los recortes estatales y la ausencia de acompañamiento y herramientas para seguir. Porque sabemos que las crisis profundizan las violencias y hacen recaer enteramente la crianza y el maternaje exclusivamente sobre los cuerpos feminizados y algunas existencias se vuelven desechables. También porque  vivimos en carne propia  la precarización laboral en la que nos deja el multiempleo, los recortes, la inflación, el desempleo de familia, amigues y seres querides.

    A pocos días de la euforia en la que nos había dejado otro 8M histórico, vino el caos, el cansancio, la incertidumbre, el aumento de la represión, los femicidios que no cesaron. Vino  también la necesidad de crear, de desobedecer al aislamiento, de estar afuera pero también adentro, de darnos lugar para el llanto y para el disfrute, para pensarnos, para mimarnos cuando todo parecía estallar, de visualizar lo potente de lo común, a pesar de las diferencias y de volver a recargar las fuerzas para seguir.

    Hoy nos encontramos de cara a un nuevo 8 de marzo, en un contexto difícil. Nos quieren sumisas, calladas y aisladas en nuestras casas,  muchas de esas casas son el espacio físico en que  suceden los abusos y feminicidios a manos de nuestras parejas, ex parejas o personas cercanas, o de hombres armados con revólveres  de reglamento, y un estado que no llega a tiempo cuando lo necesitamos, que desoye nuestras denuncias, que no está dispuesto en gastar recursos para cuidarnos de verdad, un estado que nos considera un daño colateral. Mientras, dicen que nos cuidan aumentando la fuerza policial y represiva, atentan directamente contra nuestros cuerpos y nuestras vidas.

    La huelga del 8 M  la hicimos internacional porque resuena en todas partes,  en nuestra vida cotidiana, esa huelga que viene de abajo, esa que nos convoca por nosotras/es mismas/es, esa que amplía, que escucha, que incomoda cuando abre, que concluye pero sigue transformándose porque no queremos la miseria de siempre, porque somos merecedoras/es de otras mundos posibles. En todos los rincones del mundo, traspasa un viento violeta que nos conecta con un andar nuestro, feminista, de a pie y nosotras no fuimos ajenas. La marcha del 8M es la convocatoria que más concurrencia tiene en el departamento, esto está lejos de ser porque las feministas tengamos buena prensa, o apoyo. El encuentro masivo es el resultado de un recorrido de a pie que emprendimos para que se nos escuche como sujetas políticas. Cuando solo querían globos rosados, escenario festivo y clases de zumba, llegamos al  espacio público con una propuesta política de vida. Debatimos, defendimos posturas, construimos nuestro sentido político, creamos las bases para seguir transformando y transformándonos.

    A las madres, hermanas/es, las trabajadoras, les adolescentes que llegan cada año por primera vez a un 8M les convoca el machismo insoportable que circula en las instituciones, en los vínculos, en todos los ámbitos que nos movemos. Somos espacio político de práctica y memoria, auto gestionamos el encuentro, las formas, las consignas, somos nietas de las brujas, hijas e hijes de historias, trabajadoras domésticas, las mucamas, las vendedoras ambulantes, les trabajadoras/es informales desde Punta del Este a José Ignacio, las promotoras, las cocineras, las mozas, las cuidadoras incansables, las/es educadoras, les migrantes que llegaron a Maldonado buscando un mejor lugar para vivir.

    El paro nos vino a decir que no tenemos que pedir permiso para luchar, ni para parar, porque cuando decimos “paramos como podemos”, es porque en esta lucha no sobra ninguna/e, porque las diferencias nos potencian, y porque somos conscientes que no todas/es podemos parar en un trabajo asalariado, pero si estamos gritando y visibilizando que sostenemos la vida, y que si pudiéramos parar, lo haríamos con cualquiera de las obligaciones y mandatos que nos cargan a nuestras espaldas. El paro es también sacar como bandera una trapo violeta al portón o colgar un cartel. El paro es el mate con una amiga para hablar de lo que nos pasa, el momento para nosotras/es, el negarse a realizar las tareas que se nos imponen al menos por un rato “la capacidad de hacer de este instante una modificación total de la vida”(Lonzi 2010, p88).

    Nuestra huelga interpela otras prácticas, porque hacemos política a partir de lo cotidiano, de lo que nos toca, no repitiendo  plataformas reivindicativas que no nos nombran, que se hicieron lejos y sin nosotras. Declaramos colectivas nuestras vivencias, nuestros padecimientos,   los nombramos, para hacer una historia propia, para organizar la rabia y para transformar la vida. El despliegue feminista desacata el mandato, produce y reaviva nuestros modos de resistencia, ese despliegue de lo común es el que queremos cuidar y cultivar. Este sentido político forma parte de nuestra memoria colectiva viva,  no se coloniza, no se copta, no se apropia. No estaremos dispuestas a que hablen por nosotras/es, esa memoria es de todas/es, y de  cada una/e. 

    La seguiremos narrando el próximo 8 de marzo juntas y juntes en la plaza, no por tradición sino por convicción política.

    Compañera, compañere, atenta atenta atente que camina, la lucha feminista por las calles fernandinas.

    ¡Ni subordinadas ni encerrades! 

    El 8 nos volvemos a encontrar, nos volvemos abrazar, desde la digna rabia y la alegría de sabernos juntas/es.

    TeToKaVoZ-Red Feminista de Maldonado

      

  • Entre madres e hijas/es*

    Entre madres e hijas/es*

    Experiencias que merecen ser contadas **

    «Vos no podes negar lo que sos…¿què es eso de sujeto neutro del conocimiento?

    ¿Quién sos, quién lo vio, qué es eso? «

    Rossana Blanco es una compañera, feminista que ha integrado  diversos àmbitos de participaciòn, militando desde las bases del movimiento social, es docente en facultad, investigadora, madre, hija, actualmente està siendo estudiante de doctorado y emprendiendo un trabajo de campo.

    Rossana vive la experiencia de la investigación como una práctica que difiere de los cánones tradicionales que establece el ámbito académico, aún en sus diferentes corrientes marcadamente masculinizadas, donde la subjetividad debe quedar lo más al margen posible de la producción. El feminismo como opción y perspectiva política de vida nos atraviesa en nuestras prácticas cotidianas domésticas, laborales, vinculares, también en la forma en que construimos pensamiento. Dice Rossana “Investigar desde el feminismo es investigar desde una posición política. Vos sos parte de eso que estas investigando…yo soy feminista, yo fui hija, yo soy madre, no solo no lo puedo negar sino que no lo quiero negar…lo político se juega todo el tiempo en las cosas cotidianas de la vida…” 

    Posicionarse desde una Epistemología Feminista conlleva abandonar modelos filosóficos y metodológicos clásicos del quehacer científico y la producción de conocimiento anclada en el principio de objetivación. Contraria a una posición científica desenmarcada y descarnada del “objeto” de conocimiento, la espistemología feminista coincide en negar la universalidad y la neutralidad no sólo del objeto de conocimiento, también del (los )lugar(es) político(s) desde donde se oberva, reflexiona y  construye ese conocimento. En ese (esos) lugare(s) históricamente ha predominado una perspectiva, masculina, blanca, binaria, heterosexual, y occidental. Investigar y construir pensamiento desde el feminismo implica mirar en múltiples dimensiones, incorporar la politicidad inherente a la realidad que se quiere investigar, reconocer los condicionamientos del contexto histórico, social, económico, hacer visibles las relaciones de poder.

    “Pueden saber mucho de los libros pero de las personas que se van a encontrar no saben nada…no presupongan cosas…Dejar en suspenso todo juicio: escuchar como se habla, atreverme a preguntar,sorprenderme…Me acerco desde ese lugar, desde la humildad y permitiéndome la sorpresa.” 

    Para Rossana este posicionamiento a la hora de investigar invita necesariamente a revisar y visualizar las relaciones de poder que interfieren en el proceso de investigación, implica reconfigurar marcos metodológicos que hagan lugar a dimensiones que generalmente se dejan de lado como la emocionalidad, la historicidad, y las subjetividades desde donde se muestra y/o se enuncia el universo investigado “(…)cada propuesta es distinta aunque estemos con la misma pregunta central…es diferente la forma de llevar adelante la investigación…Yo me voy a sentar a conversar… es una práctica de la conversación,  implica el compromiso ético donde yo también me la estoy jugando y pongo acá mi corazón.”

    Actualmente Rossana está investigando sobre las huellas que dejaron quienes estuvieron vinculades a nuestros cuidados , esas huellas que forman parte más o menos inconsciente de un devenir feminista, aunque en el momento en que se produjeran no fueran nombradas como tales, o incluso identificadas. “ Se me ocurre de que hay algo de lo que hemos vivido con quienes nos maternaron que se hace presente en nuestras prácticas feministas… y que a su vez cuando nos encontramos con otras/es en estas prácticas también resignificamos y reentendemos y vemos de otra manera a esa abuela, a esa madre a esas referencias de quienes nos maternan o maternaron…” ¿Qué caminos recorrimos las mujeres y disidencias que crecimos sin referencias que se autodefinieran feministas? ¿Qué de sus huellas nos constituyen como guerreras, justicieras, irreverentes al status quo? ¿Qué de nuestras madres, abuelas, vecinas, tías que cuidaron, criaron, advirtieron, fue semilla en nuestra decisión política de identificarnos feministas? ¿De qué forma estas exploraciones construyen conocimiento empírico? 

    “Las madres transmiten la ley patriarcal y al mismo tiempo los sueños de rebeldía”

    La subjetividades de nuestras antepasadas merecen ser contadas de una epistemología feminista que visibiliza, que encarna, que territorializa. Este conocimiento también arroja luz para comprender nuestra realidad, para hacer otras lecturas de lo que somos, lo que nos diferencia, lo que nos une. 

    «Las hijas, les hijes feministas, cuando empezamos a militar, cuando empezamos hablar… empieza aparecer siempre de alguna manera la figura de quienes nos maternaron… desde las prácticas feministas me encontré recordando a mi madre y a mis abuelas, dándome cuenta de que tal vez algunas cosas que ellas no habían podido vivir, tal vez yo las estaba pudiendo vivir, y que algunas cosas que a mi en su momento me molestaban o me habia quedado con rabia, ahora las podía pensar con mis compañeras y compañeres  de otra manera.»

    Los relatos, las anécdotas que reviven las subjetividades territorializadas construyen memoria colectiva, generan identificación, lo personal es político, la subjetividad también lo es, y si es político nos pertenece, nos ocupa, nos construye. Llamamos a esta sección “historias y experiencias que merecen ser contadas” buscando visibilizar perfiles nuestros, que son una y muchas, que realizan prácticas feministas en los diversos espacios que habitan, incluso aunque no las verbalizan como tales,  en Rossana además encontramos también el deseo de que la academia cuente otras historias, nombre a otras “para investigar se necesita lo afectivo, investigar para nosotras/es y no siempre para otres…»

     “Estamos en una lucha que tiene que ver con hacer una vida con otras/es…Estamos pensando cómo hacemos para vivir una vida más vivible. Cómo hago para que no me reviente la vida el laburo, el cuidado, ¿Cómo hago?” 

    A nivel mundial atravesamos un contexto económico y cultural depredador y reaccionario en extremo, donde estamos  expuestas constantemente a ser lastimadas/es, atacadas/es, deslegitimadas/es. Estamos  al mismo tiempo sumergidas/es en la reproducción y el sostenimiento de la vida, y accionando para transformarla. Indagar, rememorar, entender los vínculos con nuestros maternajes, desde el acuerdo o el desacuerdo que nos generan, nos conecta  con una  la lucha del orden de lo común, de aspectos  de la realidad cotidiana que nos atraviesan a todas/es. Y en este camino, Rossana, se invita y nos invita a dejarnos afectar por la experiencia, desde lo afectivo, reconocerse, mirarse, para también poder hacer algo con lo colectivo. Deja planteado el desafío de seguir potenciando la política feminista, de proximidad, del reconocimiento de nuestro andar, de identificar opresiones compartidas,  conciliar con nuestra historia, y con nuestro deseo de transformación propio y  de las formas de habitar la vida.

    ** En esta entrevista Rossana Blanco anticipa temáticas que está trabajando en su tesis de doctorado Entre madres e hijas. Transmisión intergeneracional en jóvenes feministas activistas del siglo XXI. Doctorado en Psicología. Universidad Nacional de Córdoba.

    *  Se elige usar a lo largo del texto  la conjugación “e” de modo de que queden incluides distintas identidades sexo-genéricas en consonancia con la discusión acerca de las/les/los sujetos políticos de los feminismos contemporáneos. También se hace uso del femenino y del término mujer en tanto posibilidad existencial y política de un devenir identitario.  No son usos excluyentes sino intencionalmente complementarios

  • … esas historias que merecen ser contadas  I

    … esas historias que merecen ser contadas I

    Foto: Victoria Aranda

    Tenemos necesidad de la memoria, porque el olvido ha sido un elemento utilizado para invisibilizar lo importante. 

    Los olvidos no son casuales, no devienen naturalmente,

    hay toda una tecnología puesta al servicio del poder que hace que se olviden algunas cosas y se recuerden otras.

    Majo vino a Maldonado en 1994 a los 17 años,  faltándole un año para terminar el liceo dejó Treinta y Tres buscando mejorar su calidad de vida y la de su bebé Mati. Llegó a una pensión donde vivió con amigas y luego se trasladó al barrio Kennedy junto a su madre y hermanes. 

    Durante los primeros años en Maldonado se «revolvía» con changas de temporada, trabajando como niñera y vendiendo comida. Fue madre de Lucas, Flor, y Santi. Durante la crisis del 2002 el desempleo golpeó particularmente a las mujeres y al trabajo zafral, Majo participó y acompañó en la comisión de vecines en la organización de una olla popular en el comunal barrial “Salíamos en bicicleta a pedir las donaciones. En un almacén nos daban dos morrones y dos cebollas, y así íbamos. Hacíamos una juntadera y cocinábamos afuera en una olla hecha con un calefón.”

    En el 2004 se inscribió en un plan de realojo de viviendas de ayuda mutua que lanzó la Intendencia en convenio con MEVIR, quedó sorteada y desde entonces afrontó el proceso de construcción que duró casi dos años. Durante este tiempo Majo combinaba el trabajo zafral con el cuidado de sus hijes y las horas que debía cumplir para levantar las paredes y el techo donde viviría con su familia “Subía al camión a mis hijos y los bajaba en lo de mi hermana para poder ir hacer las horas. Nos llevó un año y 8 meses”. Una vez radicada en Cerro Pelado, se desempeñó como vendedora ambulante, trabajó como cuidacoches y como mucama en edificios de Punta del Este durante los meses de verano.

    A pesar de las diferentes medidas para reactivar la economía posterior a la crisis y de la disminución notoria de la tasa de desempleo, aún en 2009 la desocupación de las mujeres duplicaba la de los hombres. Ese mismo año Majo escuchó en un programa de radio local que una constructora abría llamado a cursos teórico-prácticos de electricidad para mujeres. En ese entonces, tras la promulgación de la ley 18.516 (2009) se obligaba a las empresas que realizaban obra pública a contratar un porcentaje del personal del “Registro de peones prácticos y obreros” del MTSS y a regirse por la ratificación de los Convenios de la OIT N° 100 y 101 relativos a combatir la discriminación de oportunidades y trato entre hombres y mujeres; asimismo el BPS lanzaba un plan que otorgaba incentivo económico a las empresas que integraran mujeres. Lentamente, mujeres ingresaron a trabajar formalmente en el rubro de la construcción.  Majo terminó el curso, y en 2012 ingresó por primera vez a trabajar en una obra. 

    Ser mujer en la obra

    La obra se presentó como una oportunidad laboral importante, pero no fácil. Al principio le encargaban tareas como peonas, sacar cajones de la loza, picar paredes, con el tiempo fue aprendiendo a poner el cableado de calefacción en el piso y la losa radiante.  “Era un ambiente exclusivamente de varones. Hubo compañeros que me enseñaron mucho pero también y hasta hoy los hay, los que te mandan a cocinar o a barrer”.

    No fue fácil para Majo ni para sus compañeras transitar estos espacios históricamente masculinizados y con lógicas de funcionamiento patriarcales que seguían excluyendo y discriminando a las mujeres aunque fueran contratadas en las mismas condiciones que ellos. Las situaciones de acoso normalizadas, los chistes y comentarios iban poniendo en alerta a las obreras sobre cómo iban a hacerse oír y respetar “Me tildaban de loca. Con esta no te metas que es brava”. 

    En 2016 sus compañeres la eligieron delegada y así comenzó a militar en los plenarios del sindicato en representación de la empresa. En ese momento entre los reclamos estaba mayor seguridad laboral, categorías de acuerdo a roles existentes y más cupos para el ingreso de mujeres. Con el transcurso del tiempo ganó en formación y aprobación  aunque recuerda que nunca dejaron de persuadirla “A veces me insistían en no decir mucho ni divulgar nada para “no romper la herramienta” pero yo lo que quería es que seamos escuchadas y que nadie hable por nosotras.”

    “Siento la necesidad de seguir estando unida al movimiento feminista porque fue en parte gracias a toda esa movida en la calle en todos lados, que nosotras estamos siendo más respetadas y valoradas”

    Mujer feminista

    Los recorridos que relata Majo por la ciudad antes y a partir de Maldonado están signados por las violencias que viven las mujeres obreras, las madres solteras, las migrantes. Hoy identifica que siempre tuvo un sentido de la injusticia, la necesidad de aliarse con iguales como mecanismo de supervivencia  “Desde chiquita vi la violencia machista de cerca y como podía siempre defendía a mi madre, a mis hermanas, a mis sobrinas”.  

    Hace unos años Majo se acercó a la organización del 8M, se unió a la Red Feminista de Maldonado donde encontró un espacio para compartir vivencias como mujer, obrera y compañera de lucha. “Siento que luchamos contra lo mismo y que hay algo más grande que nos une. Me empecé a sentir identificada y cómoda”. 

    Este año previo al paro internacional su sindicato volvió a discutir el alcance de la medida “Mis compañeras y yo vamos a parar las 24 hs dije en la asamblea -ante la decisión de parar a partir de las 16hs- un compañero puntualiza que ese día era solo de las mujeres asalariadas, teniendo que volver a explicarle lo del trabajo doméstico no asalariado y el de reproducción de la vida, también que hay compañeras que no tienen changa ni trabajo estable”. Transmitir que el capitalismo se alía con el patriarcado para producir desigualdad sigue generando resistencias incluso en el ámbito sindical. Se hace necesario seguir sosteniendo que la reivindicación igual tarea igual salario sigue vigente, que el 8M incluye a la lucha de clases pero la trasciende para defender el derecho a la vida digna, para nombrar a las que no consiguen trabajo, a las esclavizadas, al mandato,  al trabajo invisibilizado que cargamos las mujeres  de sostener la vida de otres a diario.

    Nuevos desafíos y caminos que ya no se pueden caminar escindidos 

    El 13 de marzo la declaración de la alerta sanitaria por el COVID-19 en pleno ingreso de una crisis paralizó la actividad de miles de trabajadores y trabajadoras, Majo, sus vecines y compañeres sindicales  montaron una olla popular en el barrio Cerro Pelado. Mientras comenzaban a concretar el proyecto d de presentar una lista a las elecciones nacionales del SUNCA para poder seguir caminando.  El pasado 20 de junio se escrutaron más de 24 mil votos en todo el país, en Maldonado después de 20 años de que ganara la misma lista, la nueva agrupación consiguió el respaldo popular para transitar esta experiencia en primera línea, por lo que Majo integra ahora la directiva del sindicato y referencia la Comisión de Género. 

    Sabiendo que aún las mujeres siguen estando subrepresentadas -en este y en todos los ámbitos de decisión política-, que sostener la participación y ganar legitimidad política -a pesar del respaldo electivo- implica para ella un sobreesfuerzo solo por el hecho de ser mujer en un ámbito históricamente asociado a los varones, Maria José reivindica la necesidad de no retroceder “Queremos  como mujeres ocupar nuestro espacio y  hacer lo que sintamos, sin lineamientos de ningún tipo y eso a veces cuesta”. Cuenta que si bien se conformó un colectivo con ganas de renovar y ampliar las voces, desandar la lógica de la competencia, incluso entre compañeras -resultado de una cultura que alienta la competencia entre mujeres y activa mecanismos funcionales al sistema machista- es un gran desafío. Pero también la lucha paga, visualiza transformaciones que se traducen en reivindicaciones que se hacen letra,  en la desnaturalización de prácticas machistas en las asambleas, o en la tarea cotidianas en la obra, en nuevos desafíos que se hacen lugar en la agenda política del sindicato, por eso, más que nunca entiende que no hay condiciones para ceder espacio

    “Como mujeres obreras, atravesamos una doble lucha, por un lado la de luchar contra las empresas y patrones y por el otro la de sobrevivir como mujeres, en el trabajo y en todas partes. El ver cómo hay compañeras, hermanas, amigas sufriendo situaciones de violencia, el verlas caer, el llegar a tu casa y tener que seguir .Y cuando entendés que todo esto nos pasa por ser mujeres ya no se puede dejar de luchar”. 

     Referencias

    1 – Fragmento tomado de la entrevista realizada por el programa La Disidente el 6/08/2020.

      2- https://datosmacro.expansion.com/paro/uruguay?anio=2009

  • Tenemos necesidad de la memoria…

    Tenemos necesidad de la memoria…

    El olvido ha sido un elemento utilizado para invisibilizar lo importante. Los olvidos no son casuales, no devienen naturalmente, hay toda una tecnología puesta al servicio del poder que hace que se olviden algunas cosas y se recuerden otras.

    TeToKaVoZ se propone decir desde un territorio cuya trama se sostiene en historias, imaginarios, experiencia, cuerpos, lugares y no lugares. Augé (1992) afirma[1]  que las ciudades actuales, están mayoritariamente construidas por “no lugares”: espacios de pasaje, a los que no todes llegamos y en los que únicamente la acreditación habilita a recorrer en solitario. Mientras que es en los lugares, se puede leer las identidades de quienes estuvieron, están, y dejaron allí su historia. Somos constructoras/es de ciudad, de lugares, y como hacedoras/es de nuestra historia en particular, también construimos la historia de otres.

    Maldonado es el tercer departamento menos extenso del país, el último censo (INE 2014) registró un total de 164.298 personas. Asimismo es de los departamentos con mayor crecimiento poblacional en el período intercensal 2011 – 2014, colocándolo como el tercer departamento más poblado.

    El auge de la construcción en la década de los 60 junto al desarrollo de la hotelería y gastronomía, más los  fenómenos vinculados a la industria turística, lo convirtieron en un punto estratégico para quienes llegaron en busca de trabajo y mejores condiciones de vida. Componen el entramado social un bajo porcentaje de personas nacidas en el departamento y una parte importante de población migrante, que viene principalmente de Montevideo y los departamentos de la región. En las últimas décadas ha crecido en menor medida la migración externa, principalmente personas argentinas propietarias y/o comerciantes que logran una distintiva receptividad  en comparación con migrantes de otros países latinoamericanos. La cuidad no recibe a todes por igual. La inestabilidad del sector turístico dependiente de la inversión extranjera y de la economía de los países vecinos, la estacionalidad; la escasa diversificación de la matriz productiva, y los elevados costos de acceso a la tierra y la vivienda a causa de la especulación inmobiliaria desregulada, han configurado una diversidad de desplazamientos, subjetividades, y territorios dentro de los límites departamentales. ¿Qué elementos cimientan estos límites simbólicos que segmentan a la ciudad de aguas glamorosas y aguas contaminadas?

    Existe un imaginario hegemónico construido sobre Maldonado, que con variaciones léxicas sostiene que “en Maldonado se vive mejor” “En Maldonado son todos chetos” “En Maldonado está la buena vida”, “En Maldonado los malos son siempre los mismos” (los que estorban, les que afectan el paisaje, les que no progresan porque no quieren)” parecería que  habitar el territorio implica per sé, la ampliación de las posibilidades de consumo, y por ende la incorporación de una cultura puntaesteña.

    Por fuera de este imaginario quedan los procesos de segregación y exclusión, las mansiones vacías frente a las precariedad, la criminalización de la pobreza, la explotación sexual y la trata como consecuencia del turismo, el multiempleo y las largas jornadas laborales, el trabajo informal (y la persecución a las personas que lo ejercen) , los trabajos de verano regulados al margen de calendarios y sistemas de protección social. Poco se habla de las categorías de NYC (nacido y criado )y VYK (vino y se quedó)  manejadas en la jerga fernandina como categorías de ciudadanía a las que se les confiere diferentes roles a la hora de formar y tomar parte en las decisiones comunes, en el acceso a los servicios, los medios de producción, o la agenda pública, en un territorio donde personas con patrimonios abismalmente diferentes interactúan o conviven a escasas cuadras. (Gerber 2015)

    ¿Qué pasa con la especulación inmobiliaria de usura o con las excepciones de construcción para edificios enteros construidos para ser ocupados a lo sumo tres meses de verano en detrimento de las condiciones urbanas o la explotación de recursos naturales? Mientras Maldonado se puebla de personas que generan incalculables formas de resistencia con el único fin de tener un techo donde vivir, subsistir, terminar una carrera terciaria, hacerse lugar en el mundo… La imagen de balneario estrella, invisibiliza otras interacciones – interpersonales y con el medio-  que unifican, dan lugar al intercambio, crean contracultura de resistencia, sentido de identidad y habilitan múltiples formas de habitar la ciudad.

    Nos proponemos un decir desde el cuidado y la atención, nos aliamos con la pregunta más que con la afirmación: ¿Qué implicancias tiene escribir desde Maldonado?¿Cuáles son estos lugares, estos espacios fuertemente simbolizados y no solo físicos? ¿En qué intersticios cada une hace su sitio y también el de les otres? ¿Cómo es vivir en el departamento que presenta mayor crecimiento poblacional y económico del país y al mismo tiempo registra el mayor índice de hogares con necesidades básicas insatisfechas? Queremos intervenir la ciudad, conscientes de nuestra huella en el decir y estar con otres, hacemos el ejercicio político de encontrar otros recorridos, otras historias que merecen ser contadas.

    Te ToKaVoZ, Maldonado, Uruguay.

    Referencias

    • Augé, M. (1992). Los no lugares. Espacios del anonimato. Barcelona: Gedisa.
    • Gerber, E. (2015) “Significados y usos de la alteridad : una aproximación etnográfica a los procesos de producción de subjetividad vinculados a la movilidad geográfica en la ciudad de Maldonado” [en línea] Tesis de maestría. Universidad de la República. Facultad de Psicología, Uruguay.

    1. Quien siembra violencia, llama a más violencia, la marcha finalmente no fue pacífica y por marchantes iniciaron los actos vandálicos,…