Autor: TeToKaVoZ

  • Barrio Kennedy Punta del Este

    Barrio Kennedy Punta del Este

    El desamparo como plan estratégico

    Llaman “gentrificaciòn” al proceso de desplazamiento y/o despojo inducido por agentes inmobiliarios y/o grupos sociales portadores de mayores capitales (en complicidad con los gobiernos). En otras palabras: llevar a lxs pobres para tierras de menor valor para apropiarse con fines económicos de otras tierras ubicadas en zonas privilegiadas por los recursos naturales de los que disponen, su ubicación geográfica, etc. 

    Como es sabido, el barrio Kennedy existe hace más de cuarenta años en Maldonado, a diferencia de otros barrios que se formaron en el departamento  en condiciones similares, para las personas del Kennedy  nunca se planteó desde el gobierno departamental un plan de regularización para que las familias que construyeron allí sus tramas de vida materiales y simbólicas tuvieran la posibilidad de regularizar en el mismo predio. En etapas se fue realojando a distintas familias hacia otras tierras de menor valor, ubicadas lejos del barrio, de la playa, de los montes de pino y eucalipto, del parque el jaguel, de la barra y de Punta del Este. Algunos de estos realojos fueron en modalidad de” ayuda mutua” donde cada familia tenía que cumplir horas en la construcción de las viviendas, esto se generó sin el proceso previo que suelen tener las viviendas de ayuda mutua, sin trabajo grupal con la vecindad  ni participación para pensar cómo iba a ser ese nuevo barrio, la idea de ayuda mutua fracasó.Muchas personas se fueron y mejoraron de alguna forma su situación edilicia pero no necesariamente su condición de vida en cuanto al acceso a otras oportunidades de trabajo, educativas, ni a propuestas que hacen a la convivencia y participación ciudadana ni se generaron condiciones para ello, por ejemplo en el caso del realojo al barrio 14 de febrero y Cañada Aparicio, les vecines no cuentan hasta ahora con comunal, escuela cercana, ni centro deportivo como se les había prometido. 

    Cuando era niña, no entendía tanto lo que pasaba, corría por adentro del monte, jugábamos a mojarnos en los regadores de las mansiones, nos metíamos a las piscinas, jugábamos a la lotería en el comunal, juntábamos pelotas de golf, íbamos al jaquel a toda hora…A medida que fui creciendo, vi como iban quitándonos lo poco que teníamos a nuestro alrededor, desde las actividades del comunal, hasta los árboles del monte, donde jugábamos. Empecé a entender que era el costo de lo que teníamos que vivir por haber elegido quedarnos en estas tierras.

    Mientras algunas  familias fueron realojadas sin ninguna posibilidad de decidir sobre el proceso, en el barrio Kennedy  las familias que se quedaron tuvieron que pagar el precio de quedarse,  se agudizó cada vez más el desamparo y el abandono por parte del estado, tanto en las condiciones sanitarias, de infraestructura y seguridad pública.

    Estas palabras que se traducen a acciones o mejor dicho a inacciones, si bien estuvieron siempre presentes en lo que al Kennedy se refiere,  se han potenciado, aún más, en estos últimos años. 

    Cuando no teníamos nada o estábamos pasando mal, vinimos para acá y nos armamos una casa pero ya sabíamos que no era fácil, porque pasan muchas cosas acá y a nadie le importa.Solo aparecen cuando precisan que los votemos.

    Según cuenta un grupo de vecines, cada vez que solicitaban un apoyo para arreglar alguna calle, para colocar contenedores de basura, lomos de burro, o alumbrado, para solicitar una ambulancia o transporte escolar, siempre hubo una negativa por parte de las autoridades, argumentando que el Kennedy era un asentamiento que se quería sacar y por lo tanto, no iban a brindar ningún servicio ni apoyo. Nunca importó que vivan familias con niñes y adolescentes en situaciones de extrema precarización y sin institucionalidad presente. 

    Los porfiados modos de subsistencia contra el olvido y el clientelismo político

    Quienes detentan el poder, han sabido preparar el terreno con años de desamparo estatal y marginación sociocultural.La vecindad ha sido privada durante décadas de  los servicios y derechos esenciales, pese a esto, siempre han existido pequeños movimientos de resistencia, que han sabido estar a favor de la vida y de lo comunitario. Han sido les vecines de a pie, quienes han desarrollado  acciones de solidaridad cotidianas, como las ollas populares, las meriendas, los encuentros, actividades para compartir, potenciando el no ser indiferentes ante situaciones extremas e injustas. Estas acciones generan códigos y redes de cooperación que aún perduran. Por las tardes por Isabel de Castilla entre la música alta, la rueda de mates, se ve venir a  la vecina que clasifica, y  deja un palo de escoba al pasar, porque sabía quién estaba necesitando uno…

    Monte de Eucaliptos antes de ser talado
    Foto: Vecina del barrio Kennedy

    La estrategia de desgaste también hace mella, mucha gente se cansa, se aleja, se siente impotente, algunos llegan a no querer vivir más y/o terminan odiando el barrio cansades de ser estigmatizados constantemente, de no tener acceso al trabajo ni a la educación, no tener frecuencia de transporte , una policlínica completa, escuela o alumbrado público.

     Yo me tengo que ir a llevar a mi hija a la escuela de la cachimba , caminando. El ómnibus que pasaba, hace como dos años que no pasa más y el 16 que pasa por Aparicio Saravia, no me sirve porque no va para ese lado. Los días de lluvia, la maestra ya sabe que no va.

    Desde la formación del barrio, en más de una oportunidad han existido grupos y comisiones barriales que intentaron de forma colectiva iniciar los trámites legales para regularizar la situación de los terrenos mediante un juicio de prescripción adquisitiva, estas iniciativas no prosperaron producto de las acciones sistemáticas de las autoridades departamentales para desestimar y desarticular la organización barrial generando desconfianza entre vecines y haciendo acuerdos particulares. Ejemplo de esto es que según nos cuentan les vecines  en el año 2015, se cerró el comunal para fines comunitarios, se quitò el equipo tècnico que estaba trabajando en el barrio y se creó una comisión barrial manejada por el gobierno municipal, donde se le pagaba a un vecino un salario mensual y se le asignaban tareas de “operador barrial”, su encargo era el de controlar que nadie ocupara y dar información a la intendencia de cada situación familiar. De esta forma el gobierno departamental tenía mayor control sobre les habitantes del barrio y se valió del clientelismo para conservarlo. 

    ¿Etapa final? Realojo con desalojo y el modus operandi de los gobernantes de turno…

    (…) Asì como tambièn no me olvidarè jamàs de los intereses mezquinos de quienes nos gobiernan.

    En los últimos años se viene planeando un “plan estratégico” que intentará sacar al Kennedy en su totalidad para  vender estas tierras, que tienen un valor estimado  de 20 millones de dólares. En esta última etapa de realojo, la asignación de viviendas dependía pura y exclusivamente de la dirección de vivienda de la intendencia departamental que se proveía de la información que le brindó un grupo de vecinos a cambio de diferentes beneficios, y de un equipo técnico también dependiente de la intendencia. 

    Este equipo técnico fue el encargado de realizar un censo en el barrio durante el 2015 y otro relevamiento en 2021. Al día de hoy no se conocen los criterios empleados para procesar la información decidir a quien censar, y ejecutar el plan de realojo. En el barrio unas 70 familias son amenazadas con ser desalojadas, durante las primeras semanas de febrero, varias de ellas, han recibido notificaciones de la intendencia con orden de abandono de la vivienda en plazos de 24 hs. Muchas de las personas que no fueron censadas se presentaron en la dirección de vivienda, allí además de la falta de negarse ante las alternativas planteadas, las personas han sido humilladas y nuevamente amenazadas. 

    No piensen que les vamos a solucionar la vida…” son las palabras que dice quien se desempeña en el rol de psicóloga del equipo técnico de la dirección de vivienda de la intendencia de Maldonado. A su lado el Dr. de la división departamental Lussich golpea el escritorio a puño cerrado “Usted sabía bien que el Kenedy no podía comprar”  

    Al mismo tiempo que algunas familias son amenazadas con desalojo, existen adjudicaciones de viviendas a dueños de otras propiedades y negocios fuera del barrio, personas que además integran listas y cargos políticos del partido nacional.

    Un   informe elaborado por la intendencia en el marco del plan de realojo del Barrio Kennedy (2021) fundamenta que las personas que habitan el barrio “han caído en un círculo vicioso, sin capital humano, que no le permite la inserción social” Este enfoque además de ser estigmatizador adjudica la responsabilidad a las personas y familias por la situación en la que “han caído”, como si se tratara de su exclusiva voluntad individual o de hechos fortuitos. Por otra parte , oculta la responsabilidad del estado de brindar oportunidades reales, de acceso a ese capital cultural, social que les fue negado todos estos años. Por otro lado el informe señala que “el equipo técnico social de la IDM que está a cargo del trabajo en territorio con las familias, “cuenta con una vasta experiencia en programas y procesos de desarrollo social y barrial, además de contar con la adecuada formación..(…) “ los ejes del proyecto social se definirán a partir de un diagnóstico y seguimiento, que deberán desarrollarse concomitantemente con la ejecución de las obras y se continuarán en el proceso de post-obra o post mudanza”. Entre estos ejes, se mencionan: “ Comunicación- Organización de las familias del asentamiento para el seguimiento del proyecto integral del realojo, definición de alternativas habitacionales según el perfil de cada familia y sus redes familiares y vecinales”. El testimonio de la vecindad sobre el hermetismo y la discrecionalidad con la que se han tomado las definiciones, la falta de participación que relatan y los malos tratos recibidos en distintas oportunidades por representantes comunales, desde funcionarios, cargos técnicos y autoridades, en nada condice con la forma en que se ha procedido, tomando definiciones que responden a la especulación inmobiliaria y a intereses de privados por sobre los de cientos de personas que han construido su trayecto de vida en torno al barrio.  

    Si nos hubieran ayudado a construir viviendas acá, arreglar las calles, los pozos, o hubieran puesto una escuela, un caif como en todo barrio, sería otra cosa.

    Vallés define la política pública como “un conjunto interrelacionado de decisiones y no decisiones  que tienen como foco un área determinada de conflicto o tensión social” (2006), estas decisiones tienen carácter coercitivo por ser adoptadas institucionalmente. Si la política pública es la gestión del conflicto social, la ausencia de políticas, las “no decisiones” también son parte de una política pública, en tanto construyen subjetividad, agudizan un conflicto social o bloquean su solución. El realojo forzado, sin la participación de las personas directamente involucradas, constituyen una forma de hacer política, donde el derecho a la tierra, a la vida digna, a la cercanía de los recursos naturales del departamento se convierte en un privilegio del que pueden gozar quienes pueden pagarlo. Los flujos migratorios del campo a la cuidad, la alta tasa de trabajos informales y estacionales vinculadas al turismo, el altísimo costo de la tierra y los alquileres, el transporte público más caro de uruguay,constituyen una realidad que no puede ser cargada a las personas que la viven como una culpa. Muchos otros barrios de Maldonado se formaron inicialmente como asentamiento y atravesaron procesos de regularización y realojos en condiciones muy distintas a las que se dan ahora con las familias del Kennedy. 

    Continuará…

    Referencias

    Informe (2021) Programa Realojo «Asentamiento Kennedy» IMM .

    Josep Vallés (2007), Ciencia Política, una introducción.

  • Una mirada desde la experiencia de la olla popular del barrio Kennedy

    Una mirada desde la experiencia de la olla popular del barrio Kennedy

    Menos mantel y más pan

    En medio de un contexto socio político complejo, en 2020 apareció una pandemia que tomó como principal medida la orden de aislamiento social,   el quedate en casa se viralizó a escala mundial, aunque claro, este eslogan que se dispara desde el privilegio mediático, no resuena en todas las latitudes por igual, ni siquiera a escala local. La orden de distanciamiento social   agudizó la precarización existente, sobre todo para  quienes no tienen una casa, o para quienes tienen la obligación de salir a buscarse el pan, porque quedaron sin laburo o en seguro de paro,  o para las mujeres sobrecargadas con las tareas de cuidado y sostenimiento, tras los cierres de centros educativos, recreativos y la restricción de la atención en los centros de salud.

    Ante una situación de amenaza, muchas veces se activa una reacción de supervivencia, como una memoria que registra y se actualiza, que nos permite sentir y actuar de un modo y no de otro. Es así como toda obligatoriedad a formar  burbujas individuales, ha sido desobedecida por miles de personas que decidieron no contagiarse de indiferencia, y salieron a crear comunidad desde los distintos lugares donde se encuentran. Una de estas iniciativas se ve reflejada en la puesta en marcha de las ollas populares.

    La comida cumple una función vital en todos los pueblos, no sólo en esta dimensión de vitalidad, también porque los alimentos que se consumen, la forma de prepararlos, son reflejo de la economía y cultura de cada territorio.

    Según el informe de sistematización de las ollas populares realizado el año pasado, estos espacios han retomado con fuerza hasta el día de hoy, habiendo alcanzado alrededor de 700 entre ollas y merenderos en todo Uruguay. 1La mayoría de estas iniciativas, fueron mayormente tramas comunitarias existentes, renovadas y nuevas,constituidas por iniciativas vecinales, familiares, de clubes deportivos, de ollas previas y comercios locales, que dieron respuesta amplia a una necesidad nada sencilla de atender.(…) Estas iniciativas son como mínimo el 80% del total de ollas y merenderos. 

    1 (Entramados solidarios en tiempos de crisis.Primera sistematización sobre ollas y merenderos  populares en Uruguay 2020)

    Romper la burbuja, agitar la espuma

    Como es sabido y tal como allí se menciona, estos espacios lejos de estar exentos de conflictos y contradicciones, son lugares de encuentro y también de desencuentro, donde en ocasiones rondan distintos intereses a la hora de ponerlos en marcha y de sostenerlos. Lo que también es sabido que  con sus particularidades y diferencias  han sido y son parte de los entramados comunitarios para el sostenimiento de la vida en momentos de crisis, transformándose, en tal sentido, como lugares de supervivencia y resistencia para muchas personas.

    De este modo, la olla individual y familiar se transforma en olla barrial, se despliegan los grandes cucharones, se enciende el fuego colectivo y se extienden las redes para ese fin común. De igual manera se activa la organización, los registros de las reuniones, el reparto de tareas y las definiciones colectivas, esto se transforma en el relato de los procesos colectivos de organizaciones que se forman movidas por lo urgente, por lo común, por lo esencial.Las necesidades individuales, al conectarse con situaciones similares de opresión, en un lugar común, pasan a ser colectivas, con una realidad social política y económica difícil pero también con la búsqueda de alternativas.Esto sucedió en todos los rincones del país, Maldonado no fue una excepción.

    El barrio Kennedy está ubicado en pleno Punta del Este, en un territorio en disputa por el poder gubernamental y empresarial, por el alto valor de las tierras donde se encuentra. Producto de estas disputas, hace más de 40 años  miles de personas viven de espalda a las grandes mansiones y a una gran cancha de golf, privadas de los servicios básicos de salud, educación, transporte, saneamiento. Ante distintas situaciones los intentos de organización entre vecines terminan diluidos a causa de promesas y acuerdos que gobernantes de turno hacen como maniobra para desarticular cualquier acción colectiva, acentuando la injusticia social.Pese a esto, y entre tanto derrumbe literal y simbólico, cada vez que el barrio se ve acorralado, ha sabido responder de alguna forma a la búsqueda de alternativas para el sostenimiento de lo que lo mantiene en pie, la vida de las personas que lo constituyen..

    A fuego lento 

    Según vecinas del barrio Kennedy, la propuesta de la olla Popular surge a partir de la idea de autoconvocarse como vecinaes del barrio para un fin común, involucrando también a mujeres que a través de la Red Feminista de Maldonado generaron cercanía y lazos con el barrio. La idea fue volver a retomar la iniciativa de la olla popular, que tuvo un antecedente fuerte en el barrio, en el año 2002 y más recientemente en  2020 cuando comenzando el invierno vecinaes y colaboradoraes, sostuvieron la olla de lunes a sábados durante los tres meses más críticos de frío y baja laboral en la zona.  En 2021 resurge la intención de convocar un grupo y volver a comenzar, tomando como valor las experiencias anteriores.

    En el mes de abril se convocó a plenaria barrial para conversar  el para qué del espacio, e ir  acordando criterios de funcionamiento. De esta forma, se establece como objetivo principal, atender la necesidad del plato de comida, y generar una puerta de entrada  a la participación e involucramiento de vecinaes del barrio en los temas que les afectan, poniendo  en el centro la toma de decisiones colectivas, la cooperación  y el apoyo sin condiciones de por medio.

    La olla tuvo lugar en ”la madriguera” (espacio en construcción,impulsado inicialmente por compañeras de la Red Feminista de Maldonado) donde ya se han realizado otros encuentros, y donde funcionó la merienda feminista entre abril y agosto de 2020. Los primeros acuerdos fueron priorizar la continuidad de la olla, siendo realistas con las posibilidades de organización de las donaciones y también del tiempo que quienes la integraran podrían destinar, las protagonistas fueron vecinas mujeres, que en su mayoría, ya habían participado en instancias anteriores .

    Los sábados 8:30 estábamos en la madriguera, mientras una compañera sacaba el cartel, otras íbamos en busca de las donaciones, juntas picábamos y cocinábamos, aportando su experiencia. Vecinas que aportaban su granito de arena para polentear la olla, también otras colaboraciones que llegaban a la puerta y nos daban más fuerzas para seguir».

    Destapar la olla 

    «No nos paró la lluvia, el frío ni el viento.Lindas mañanas compartidas con las compañeras, mediante café, mate y charlas, así todas juntas por ese fin en común: ese plato de comida caliente de los sábados».

    Durante el transcurso de los meses de abril y agosto , se fue dando una organización firme y responsable que pudo mantener las plenarias semanales entre semana (los días miércoles) que permitían entre otras cosas organizar cada olla. A esta instancia de participación se le sumó la división de roles y responsabilidades como: coordinar con diferentes personas que colaboraban y llevar las donaciones al espacio, difundir en medios locales, armar afiche de la olla para recibir donaciones, llevar un acta en un cuaderno de registro,conversar con vecines del barrio, colocar una caja afuera y un pizarrón, repartir las tareas durante la jornada de elaboración.

    En medio de cada olla surgieron intercambios, diferentes formas de habitar el espacio y de entender el para qué del mismo, no estuvo exento de conflictos, hubo personas que pudieron sostener las instancias colectivas y otras que no.Tampoco faltaron las  vecinas que no pudieron participar por estar sobrepasadas del trabajo de cuidados, pero que formaron parte del proceso, asumiendo tareas de coordinación de donaciones, entre otras formas de hacerse parte, como alcanzar colaboraciones entre semana, difusión etc. “Se repartían más de 100  viandas con pan. Nos reuníamos los miércoles para organizar qué se elaboraba: Salió lentejas, polenta, guiso,tuco, porotos…”

    Cada vecina tenía su dinámica personal, familiar,  pero según cuentan, valoraron  lo construido  y tenían como meta el poder sacar la olla cada semana, bien servida y con buenos ingredientes. Se plantearon de ante mano que no querían que la comida fuera escasa y sin nutrientes. “La olla era de esas grandes de 100 litros y servíamos la vianda bien llena para que podamos llevar para la noche y para el otro día. La cocinera  que arrancaba la fritada ya  condimentaba,mientras otras íbamos picando y otra iba a buscar la carne, quedaba  muy rico.Cuando estaba pronto después de repartir, nos sentábamos a comer juntas”.

    Se acordó aceptar las donaciones sin que se exigiera ningún tipo de contrapartida, comentan las vecinas que recibieron colaboraciones grandes de distintas organizaciones pero también colaboraciones diarias de vecines, hasta paquetes abiertos, que daban cuenta de la intención de quien aún no pudiendo comprar, se hacía presente aportando algo de lo que tenía en su casa. “Con respecto a la discusión de exigirle al gobierno que colabore con las ollas, no lo tuvimos presente, además teníamos la experiencia del año pasado, donde en plenas elecciones, aparecía una camioneta ploteada del partido político, justo cuando estaba la fila para levantar la comida, cada vez que venían a traer alguna colaboración a una olla o merendero. Está claro que sus intereses no son genuninos y además si tenemos que exigirle al Estado, no necesariamente son unos paquetes de fideos , sino que es una vivienda digna, trabajo, saneamiento, una escuela pública y todos los derechos básicos que nos han sido negado en todos estos años”.

    El grupo de la olla no era un grupo formado de antemano, con un posicionamiento político en común, pero al compartir un espacio con acuerdos construidos,donde cada una aportaba desde donde podía, se estuvo generando resistencia comunal, que se traducía en sacar una olla colectiva entre mujeres pero también excedía la alimentación, las hizo protagonistas de una organización barrial que por más mínima que parezca,las encontró en la acción “Y así mediante risas, escuchándonos y más allá de ese plato caliente que ayudó a que este invierno de pandemia no sea tan cruel, me queda la experiencia de la lucha, unión y fuerza que podemos conseguir juntas. Me quedó el corazón contento, cada mañana, porque entre problemas, es lindo aferrarse a un grupo que le dé para adelante”.

    Se culmina la olla, la polenta sigue…

    El último sábado de agosto se realizó la última olla, y el miércoles siguiente las vecinas llevaron adelante una reunión de evaluación y celebración, donde se propusieron seguir sosteniendo un armado de canastas mensual hasta fin de año, reuniéndose para esto dos veces al mes. “Surgieron ganas de seguir encontrándonos, para bailar zumba o tomar mate pero también para seguir apoyandonos juntas, nos dimos cuenta que podíamos”. Según relatan las vecinas, lo que en un principio fue una necesidad de alimentación pasó a verse también como un rato donde se salía de la rutina, se compartía un desayuno, un almuerzo, se festejaba un cumpleaños, se activa una red de apoyo.

    “También nos juntamos el día del niño, llevamos a nuestros hijos, repartimos regalos que conseguimos, si nos faltaba algo de ropa o calzado también lo conseguiamos.La abuela de una compañera nos hizo una torta que la rifamos el día de la madre pero no cobrabamos solo que tenian que llevar un alimento”

    Cuando las compañeras de la Red feminista eligieron el nombre la madriguera , resonó esa guarida que se excava en el suelo con el fin de crear un espacio para habitar o refugiarse temporalmente, proporcionando alguna protección contra los depredadores y “las inclemencias del tiempo”. Siempre a contramano de la neutralidad. Se puede decir que esta experiencia de la olla, hace un hueco en esta madriguera y se conecta con un proceso, que ha sido difícil e interrumpido, donde hay depositado mucho afecto y digna rabia. La olla y la madriguera se vuelven parte de una historia en común, que atraviesa, convoca, se reinventa y se conecta con la memoria colectiva del barrio y del feminismo en Maldonado.

    Referencias 

    Ollas y merenderos populares en Uruguay
    Tramas para sostener la vida frente a la pandemia. Informes de docentes de la Udelar, estudiantes de ciencias sociales y
    técnicos de AEBU- ENTRAMADOS SOLIDARIOS EN TIEMPOS DE CRISIS-Primera sistematización sobre ollas y merenderos
    populares en Uruguay 2020.

    María Gabriela Pauer “En torno a cuestiones fraseológicas de la Argentina: locuciones y frases gastronómicas del español rioplatense” en  Cum corde et in nova grammatica: estudios ofrecidos a Guillermo Rojo ISBN 978-84-9887-914-8, págs. 633-640

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  • El desamparo tiene responsables…

    El desamparo tiene responsables…

    La voz de una trabajadora que cuida coches hace 20 años en el centro de Maldonado

    El servicio de cuidacoches está instalado en nuestro departamento desde hace muchos años, surge en principio de una necesidad de las personas, principalmente las que sin fuente laboral formal, deciden desempeñar esta tarea. Las personas que cuidan coches desempeñan funciones que van desde facilitar el estacionamiento a brindar un servicio de cuidado y vigilancia de automóviles, ciclomotores, cascos y demás pertenencias de sus clientes. Generalmente en la temporada hacen también de guía, dando indicaciones del lugar e informando a las personas que nos visitan. A diferencia de otras actividades vinculadas a los servicios, a pesar del paso del tiempo, y también del aumento de número de personas que ejercen esta actividad, la precariedad sigue primando, les cuidacoches no reciben salario, ni ningún tipo de seguridad social, viviendo exclusivamente de la propina, en base a la voluntad y buena disposición de la gente. Voluntad que obviamente depende de tener o no dinero para dar propina, pero fundamentalmente de la cordialidad o el buen trato que las personas usuarias de este servicio devuelven a quienes están desempeñando su labor.

    Mucho se dice sobre las personas que cuidan coches pero poco se reflexiona y empatiza, cuando se trata de reclamar derechos básicos o simplemente de recibir un buen trato, mirarles a la cara, reconocer su presencia. Pareciera que por momentos molesta, ofusca, o es depositaria de un sin fin de prejuicios por el simple hecho de estar realizando esta tarea, que es muchas veces es su única fuente de trabajo.

    Las personas que cuidacoches, han intentado organizarse a lo largo de los años, relatan que un tiempo atrás hubo en Maldonado  un sindicato: Sindicato único de cuidadores de coches, que quedó en suspenso, porque nunca se les aprobó el reglamento que habían redactado colectivamente , en el que entre otras cosas, mencionaba, la necesidad de tener garantías básicas en cuanto a derechos de seguridad social, de actuación, funcionamiento y defensa ante diversas situaciones. De este modo la intendencia impuso su propio reglamento, donde la voz de los/as cuida coches no es considerada. Como es habitual cuando no se establecen regulaciones transparentes para todos, se alimenta la competencia de intereses y prácticas individuales y se debilita  la organización colectiva. Es así que cada persona que cuida coches es un mundo aparte, que realiza su tarea a su modo pero con criterios comunes como el de respetar un horario, un uniforme, una habilitación de la intendencia, aún no recibiendo ningún tipo de beneficio por parte de esta.

    En esta oportunidad conversamos con una cuidacoches que desempeña esta tarea hace más de 20 años en el centro de Maldonado. En sus años de labor, ha tenido buenas y malas experiencias,  ha sido perseguida sistemáticamente por las autoridades municipales, por defenderse ante agravios de una mínima parte de los usuarios del estacionamiento donde realiza su tarea.

    Hay personas muy amables, que aún no teniendo propina para dar, te dan las gracias o al menos se percatan de tu presencia y eso es lo que vale pero también hay otras (por suerte la minima parte) que se bajan del vehículo y ni siquiera te dicen buen día, es como si vos no existís, cuando se van, no son capaces de decirte gracias, queda para la próxima o simplemente un gesto ameno en su rostro. Por el contrario, te tratan violentamente al hacer que sos invisible, y tratarte mal. Si una intenta defenderse, así sea diciendo“que tenga un buen dia”, eso ya es motivo de suspensión y castigo .

    Según cuenta Mariela, cualquier persona puede ir y denunciarles con el número de chaleco y los/as cuidacoches no tienen derecho a defenderse ni a realizar sus descargos. Enseguida viene una orden vertical represiva, sin mediar ni llegar a soluciones reales entre las personas usuarias del estacionamiento y las/es trabajadores. Un legajo municipal con quejas sin fundamento ni pruebas, ya es motivo para suspenderles o quitarles la habilitación. Se les etiqueta diciendo que son todos iguales, que no consiguen trabajo porque no quieren, poniéndolos en el último lugar, sin considerar la situación personal, familiar, social que  atraviesan, mucho menos la precariedad de las condiciones en las que obtienen el sustento. Al mismo tiempo que no se les brindan garantías sociales ni laborales, se les exige que  acaten órdenes, tratandoles de ciudadanos de segunda.

    Hace 20 años que cumplo con la tarea de cuida coches, función por la cual me ha permitido entre otras cosas criar a mis hijos, que puedan estudiar  y salir adelante.Todos los años he presentado la documentación correspondiente que se me exige para desempeñar la tarea: carnet de salud, credencial, certificado de buena conducta, foto carné y constancia de domicilio.No soy perfecta está claro pero junto a mi esposo, cumplimos con un horario estipulado, hace muchísimos años, realizando nuestra labor con responsabilidad.

    Hace aproximadamente 2 semanas, se presentó en el estacionamiento una señora en un auto con adhesivo de edila de la junta departamental de Maldonado, quien desempeña tareas en el Banco República. La capacidad para estacionar automóviles en la cuadra es de un máximo de 12 lugares, siendo ocupados 7 de ellos por empleados de la cuadra que estacionan allí durante toda su jornada laboral, quedándonos para trabajar solo 5 lugares habilitados. Cuando la funcionaria estaciona, en doble fila a esperar que haya un lugar disponible, le hago señas, de que enfrente a la iglesia alrededor de la plaza hay lugares libres, lo cual me manifestó que prefería esperar a que quedara un lugar disponible. Al cabo de unos minutos se dispone a salir un vehículo, donde la funcionaria estaciona. En ese momento, cuando se baja del coche, me acerco y le pregunto, si no lo toma a mal, si podría rotar y estacionar un día en cada cuadra de los cuida coches que estamos alrededor de la plaza (como lo hacen los demás bancarios) y de esa forma me permitiría tener un lugar más para trabajar. Esta señora no me responde nada, desoye mi sugerencia y entra a la sucrusal bancaria donde desempeña sus tareas.

    El día lunes me llega una notificación de la dirección de tránsito de Maldonado, que tenía que presentarme en dicha oficina, con el chaleco y el carnet de cuidar coches. Se me informa que debía hacer entrega del chaleco y el carné, ya que esta señora me había denunciado, por lo cual estaba suspendida y no me podía presentar a trabajar hasta no tener una resolución de jurídica.Al día de la fecha estoy impedida de ir a trabajar, ya hace más de 10 días, siendo esta mi única fuente de ingresos, estando amenazada de retirarme por la autoridad policial en caso de presentarme en mi lugar de trabajo”

    Quien denuncia a Mariela es una edila suplente, referente de la política pública departamental.Forma parte de una agrupación juvenil de la lista 88 del partido nacional que promueve «la igualdad, y las soluciones reales…» Nos preguntamos ¿Cuál es la intencionalidad política de esta persona? que elige arremeter contra una cuidacoches, sin dar lugar al intercambio ni al diálogo, dejándola sin trabajo y sin sostén a ella y a su familia. Igual de grave es el accionar de la Intendencia departamental que elige suspender a la trabajadora, sin escuchar su versión de los hechos y actuando arbitrariamente. Es muy fácil juzgar un accionar desde un lugar de poder y privilegio…

    En tiempos de pandemia, precarización y recortes de políticas sociales, donde escasea el trabajo y prima el hambre, no podemos permitir este tipo de atropellos. Nos solidarizamos con la trabajadora y hacemos pública su situación para no ser cómplices del silencio y de la indiferencia. 

  • Protocolos de abandono, castigo e indiferencia…

    Protocolos de abandono, castigo e indiferencia…

    ¿Qué pasa en la Cárcel Las Rosas?

    Las rutinas de casi todas las personas han cambiado el último año, la declaración de alerta sanitaria modificó los modos de relacionarnos con el afuera ¿Pero qué sucede en los contextos de encierro? 

    La Unidad de Rehabilitación N°13 conocida como cárcel Las Rosas, está ubicada en el departamento de Maldonado, escondida a poco más de dos kilómetros de la ruta 39 que conecta las ciudades de Maldonado y San Carlos.  

    Es sabido que lejos de rehabilitar, las cárceles son instituciones propulsoras de peores condiciones para las personas que las habitan, transitar el encierro carcelario supone para la persona privada de libertad cambios bruscos en todas las dimensiones del ser, que irán repercutiendo de forma paulatina, y dependerá del tiempo en que se permanezca bajo esas condiciones. Las consecuencias se dan tanto a nivel físico como cognitivo, emocional y perceptivo. La prisionalización implica que la persona, poco a poco asuma roles, conductas, actitudes y valores propios de la cultura carcelaria, teniendo como resultado la pérdida de su subjetividad e individualidad.

    La prisión no sólo pone límites edilicios, subordina tanto a las personas presas como a funcionarios y funcionarias, donde el trato se limita a la obediencia de órdenes, marca pautas homogéneas comunes y no contempla la diversidad de personas que allí residen, individualiza y separa impidiendo las vinculaciones con otres.

    En una prisión diseñada en cuanto a infraestructura y presupuesto para albergar a quinientas personas, actualmente conviven en ella el doble de su capacidad, esta situación se agrava aún más, debido al contexto de emergencia sanitaria, a las personas privadas de libertad se les restringen las visitas, se limita la salida al patio, están encerradas durante todo el día en celdas saturadas, con problemas edilicios estructurales, -en espacios que son para tres personas, habitan seis o siete-. En momentos en que los vínculos afectivos y extramuros son fundamentales, se limitan y prohíben, agudizando aún más el aislamiento. 

    El hacinamiento aumenta los riesgos de contagio, el miedo, la violencia entre las personas privadas de libertad y para con los funcionarios y funcionarias. A la violencia institucional sistemática legitimada por el Estado que se sufre durante la privación de libertad, se le suma el aumento del abuso policial en múltiples formas: golpes, amenazas, humillaciones, destratos “lo que sí logran con el tema de la tranca, es que se empiecen a pelar, porque ahora es mucha celda, y cuando haya patio de vuelta va haber muchos cruces y va haber perorata (…) pero que voy hacer yo, no voy a salir al patio, me mantendré re piolita, trancadito, que se maten entre ellos, que voy hacer…» (persona privada de libertad en Unidad N°13 Las Rosas, Abril 2021).

    El domingo 18 de Abril las personas privadas de libertad se movilizaron dentro de la cárcel, organizándose a modo de protesta por las condiciones sanitarias en las que se encuentran. Esa misma semana se confirmaron más de treinta casos positivos de COVID dentro de la unidad y el fallecimiento de una persona que sufrió una afección cardíaca. 

    La agudización de la situación sanitaria tuvo como consecuencia la suspensión de las visitas, de las actividades educativas – las pocas que hay-  así como también de la movilidad de funcionaries , la entrega de encomiendas y la suspensión de la asistencia médica.La noticia sobre el brote de COVID en la cárcel y las pésimas condiciones sanitarias, generó preocupaciones entre familiares, vecinas, amigos de las personas privadas de libertad, quienes decidieron concentrar y movilizarse frente a la Unidad, generando denuncias en redes sociales, y difusión de imágenes y videos.

    Las autoridades desestimaron el reclamo y la movilización, alegando que no se trató de un motín y que la situación fue controlada rápidamente, ¿qué situación no se controla cuando las personas a las que se reprime no pueden escapar a ninguna parte, no cuentan con ninguna herramienta de defensa y tienen hambre y sed? «Están viniendo a las doce de la noche los cascudos, con el zapateo, golpeando escudos. Nos hacen pararnos a todos en el fondo, en el baño y habla el jefe de la Republicana y dice: la cárcel es de nosotros, estamos bien aburridos, no tenemos códigos ninguno, los que tienen que dormir son ustedes. Por cada rendija de la celda nos tiran gas lacrimógeno, y nosotros todos parados en el baño de espalda, sin decirles nada a ninguno de ellos. Y estuvieron viniendo varias noches después de las doce de la noche y siempre repitiendo lo mismo” (persona privada de libertad, Unidad N° 13 Las Rosas, Abril 2021).

    El “rancho” le llaman a la comida que se sirve en la Unidad como almuerzo y como cena todos los días del año, un informe de 2019 del INDDHH la describe como “es  semilíquido  y  los vegetales  no  se  distinguen  porque  pierden  su  estructura  en  la  cocción,  salvo  los trozos  de zanahoria;  aunque  también  se  pueden  detectar  algunos  trozos  de  carne  en  las  porciones servida”.  Esta comida se distribuye en una olla sobre un carro, sin control de temperatura, en el caso de las mujeres privadas de libertad, esta olla recorre un poco más de una cuadra de distancia a la intemperie, desde la zona de elaboración hasta las celdas, se sirve en el recipiente de cada persona, dos cucharones. 

    El agua llega a las celdas en turnos, se habilita para el lavatorio y el inodoro de cada una, en tres turnos al día, durante diez a quince minutos. El informe del INDDHH señala “La  disponibilidad  de  agua  corriente es  inadecuada  para  el  consumo  de  los  internos,  la  cual debería  estar  disponible  en  las  celdas  durante  todo  el día,  tal  como  se  encuentra mencionado en  la Regla  22  de  las Naciones  Unidas.” Este mismo documento concluye y observa que la cantidad y el valor nutricional de la ingesta que reciben las personas privadas libertad es inadecuada e insuficiente, y que “Las  características generales de  la  planta  física como  del  servicio de  alimentación  son inadecuadas  tanto en  el  estado de  conservación  como  de  mantenimiento  y  de  higiene” (Informe INDDHH, 2019). 

    “Estoy pasando hambre, nos bajan el agua diez minutos a las tres de la tarde. Hace más de un mes y medio que no dan asistencia médica todos los martes” (persona privada de libertad, Unidad N°13 Las Rosas, Abril  2021).

    Nos cuidamos… ¿entre todxs?

    Los slogans creados para la gestión de la pandemia no cruzan los muros de la cárcel “Acá adentro nunca se dice nada por miedo a represalia pero necesitamos que se enteren lo que estamos viviendo,ahora la gente se cansó y quisieron hacer un motín y ta´ quedó por esa, gracias a dios no pasó nada” (persona privada de libertad, Unidad N°13 Las Rosas, Abril  2021).

    Al terminar la pena y egresar de los centros que se dicen de “reinserción”, además de cargar con la estigmatización por haber estado en privación de libertad, las personas no logran salir del circuito de violencia institucional, debido a la falta de herramientas y al cierre de oportunidades reales en cuanto a lo laboral, lo educativo ,la vivienda,etc. 

    ¿Quiénes están en las cárceles? La criminalización de la pobreza genera que no todas las personas que cometieron delitos sean privados de su libertad. Lejos de eso, muchos continúan gozando de sus privilegios, desarrollando sus profesiones, dando clases en centros educativos, habitando espacios de poder y toma de decisiones. Para delitos tipificados de la misma forma, el castigo penal y social se mide dependiendo de quién lo cometa o a quienes afecta. 

    Las cárceles siguen colmadas de personas atravesadas por la injusticia social, una injusticia que les coloca al margen de un presente que no está dispuesto a reparar en ellas. Mientras que allí dentro  las prioridades pasan por la supervivencia en lo material y simbólico, el relato de estas personas se nos hace propio, nos interpela, y nos convoca a traspasar la indiferencia, visibilizar una mínima parte de la realidad que quienes detentan el poder del relato pretenden amurallar.

    Esas historias que merecen ser contadas

  • Des-acatar para crear con voz propia/Despliegue feminista 8M

    Des-acatar para crear con voz propia/Despliegue feminista 8M

    TeTokaVoZ /Red Feminista de Maldonado

    Esas historias que merecen ser contadas…

    “Hay herencias , se sepan o no, hay saberes que se transmiten, intuiciones que se preservan y que tienen que ver con el esfuerzo de no olvidar la materialidad de las experiencias;de no sustituir lo que sucede o está pendiente en ese plano por retóricas abstracta o grandes programas” (M° Pía López, Apuntes para la militancia, p51)

    El 8 de marzo histórico de aquellas mujeres que se llamaron a huelga enfrentando a sus opresores, se conecta y se transforma en un 8M de todas y todes les que seguimos apostando a la vida digna. Una memoria de lucha se entrelaza con  realidades diversas y específicas, en cada rincón que nos encuentra, y va creando la historia común, que seguirá transformándose.

    Como expresan las compañeras latinoamericanas en Constelación feminista 8M  “lo arcaico re emerge como actualidad» «(…) la presencia masiva de nosotras/es hablando con voz propia” esa voz propia es la que ha fomentado un despliegue feminista en diversos ámbitos, pero sobre todo, ha fortalecido las formas populares de organización desde abajo, de desobediencia y de creación constante. Esta fuerza construida con voces, cabezas y manos propias, no cayó del cielo, se creó y se recrea en cada encuentro, cada intercambio, cada cántico, cada proclama colectiva,  cada pintada, cada pisada en la plaza del centro, del barrio o en el asfalto caliente, en cada grito y abrazo colectivo. Esta fuerza es la que forja nuestra memoria, una forma de hacer política, que se sabe dinámica, procesual, no exenta de conflictos, pero que vive y resiste, que renuncia a las agendas desde arriba y a las imposiciones lejanas y burócratas. Esta fuerza que pone sobre la mesa el imperativo colectivo de que ya no hay vuelta atrás!

    Hace unos años comenzamos a habitar la calle de Maldonado, cuando decimos la calle decimos el espacio público, las plaza del centro, la torre del vigía, muro en Av. San Pablo, la explanada municipal como punto de partida de las marchas. Desde la necesidad de romper con la indiferencia y de expresar nuestro dolor con los femicidios, construimos un “ir haciendo” común y público que nos transforma en sujetas/es políticas en lucha. Un dolor que nos dice que nuestras vidas valen, que no estamos dispuestas/es a seguir naturalizando la violencia patriarcal, que volvimos para quedarnos, retomar lo que nos han dejado nuestras hermanas históricas, creer y crear otras formas de vida.

    Maldonado, departamento donde la violencia machista alcanza cifras alarmantes, donde la precarización convive con los grandes capitales, en el que y la trata y la explotación sexual como consecuencia de la actividad turística no parecen merecer políticas departamentales específicas, donde la explotación recae sobre los cuerpos feminizados de formas inimaginables. En este territorio geopolítico complejo y hostil, comenzamos a tejer organización.

    Para muchos habitar lo público no implica un reto, lo tenemos claro. Sin embargo, para nosotras, ha implicado un largo proceso de construcción de acuerdos colectivos, aprender prácticas de autocuidado, enfrentamientos con la policía, con los placeros, con la ciudadanía patriarcal. En este proceso de construcción nunca, claro, dejamos de sostener nuestras/es diversas formas de reproducir la vida, de trabajar, de cuidar, de estudiar, de criar. Nos trataron de burguesas, de posmodernas, de intransigentes, de funcionales a la derecha, a pesar de ello seguimos insistiendo, armamos nuestra huelga, apoyándonos en otras compas de todas partes, tramando nuestros pasos, defendiendo lo construido, forjando alianzas necesarias.

    El marzo pasado  cuando gritábamos a viva voz “paramos el mundo”, fue cuando más tuvimos que sostener, cuando más tuvimos que seguir. Lo hicimos sin pensarlo,  porque nuestras vidas están primero y  porque sabemos que donde pega más fuerte la precarización y el desamparo  es en las que maternan sin salario, sin vivienda, sin escuela en el barrio, sin comida, en aquellas/es que sufren más de cerca los recortes estatales y la ausencia de acompañamiento y herramientas para seguir. Porque sabemos que las crisis profundizan las violencias y hacen recaer enteramente la crianza y el maternaje exclusivamente sobre los cuerpos feminizados y algunas existencias se vuelven desechables. También porque  vivimos en carne propia  la precarización laboral en la que nos deja el multiempleo, los recortes, la inflación, el desempleo de familia, amigues y seres querides.

    A pocos días de la euforia en la que nos había dejado otro 8M histórico, vino el caos, el cansancio, la incertidumbre, el aumento de la represión, los femicidios que no cesaron. Vino  también la necesidad de crear, de desobedecer al aislamiento, de estar afuera pero también adentro, de darnos lugar para el llanto y para el disfrute, para pensarnos, para mimarnos cuando todo parecía estallar, de visualizar lo potente de lo común, a pesar de las diferencias y de volver a recargar las fuerzas para seguir.

    Hoy nos encontramos de cara a un nuevo 8 de marzo, en un contexto difícil. Nos quieren sumisas, calladas y aisladas en nuestras casas,  muchas de esas casas son el espacio físico en que  suceden los abusos y feminicidios a manos de nuestras parejas, ex parejas o personas cercanas, o de hombres armados con revólveres  de reglamento, y un estado que no llega a tiempo cuando lo necesitamos, que desoye nuestras denuncias, que no está dispuesto en gastar recursos para cuidarnos de verdad, un estado que nos considera un daño colateral. Mientras, dicen que nos cuidan aumentando la fuerza policial y represiva, atentan directamente contra nuestros cuerpos y nuestras vidas.

    La huelga del 8 M  la hicimos internacional porque resuena en todas partes,  en nuestra vida cotidiana, esa huelga que viene de abajo, esa que nos convoca por nosotras/es mismas/es, esa que amplía, que escucha, que incomoda cuando abre, que concluye pero sigue transformándose porque no queremos la miseria de siempre, porque somos merecedoras/es de otras mundos posibles. En todos los rincones del mundo, traspasa un viento violeta que nos conecta con un andar nuestro, feminista, de a pie y nosotras no fuimos ajenas. La marcha del 8M es la convocatoria que más concurrencia tiene en el departamento, esto está lejos de ser porque las feministas tengamos buena prensa, o apoyo. El encuentro masivo es el resultado de un recorrido de a pie que emprendimos para que se nos escuche como sujetas políticas. Cuando solo querían globos rosados, escenario festivo y clases de zumba, llegamos al  espacio público con una propuesta política de vida. Debatimos, defendimos posturas, construimos nuestro sentido político, creamos las bases para seguir transformando y transformándonos.

    A las madres, hermanas/es, las trabajadoras, les adolescentes que llegan cada año por primera vez a un 8M les convoca el machismo insoportable que circula en las instituciones, en los vínculos, en todos los ámbitos que nos movemos. Somos espacio político de práctica y memoria, auto gestionamos el encuentro, las formas, las consignas, somos nietas de las brujas, hijas e hijes de historias, trabajadoras domésticas, las mucamas, las vendedoras ambulantes, les trabajadoras/es informales desde Punta del Este a José Ignacio, las promotoras, las cocineras, las mozas, las cuidadoras incansables, las/es educadoras, les migrantes que llegaron a Maldonado buscando un mejor lugar para vivir.

    El paro nos vino a decir que no tenemos que pedir permiso para luchar, ni para parar, porque cuando decimos “paramos como podemos”, es porque en esta lucha no sobra ninguna/e, porque las diferencias nos potencian, y porque somos conscientes que no todas/es podemos parar en un trabajo asalariado, pero si estamos gritando y visibilizando que sostenemos la vida, y que si pudiéramos parar, lo haríamos con cualquiera de las obligaciones y mandatos que nos cargan a nuestras espaldas. El paro es también sacar como bandera una trapo violeta al portón o colgar un cartel. El paro es el mate con una amiga para hablar de lo que nos pasa, el momento para nosotras/es, el negarse a realizar las tareas que se nos imponen al menos por un rato “la capacidad de hacer de este instante una modificación total de la vida”(Lonzi 2010, p88).

    Nuestra huelga interpela otras prácticas, porque hacemos política a partir de lo cotidiano, de lo que nos toca, no repitiendo  plataformas reivindicativas que no nos nombran, que se hicieron lejos y sin nosotras. Declaramos colectivas nuestras vivencias, nuestros padecimientos,   los nombramos, para hacer una historia propia, para organizar la rabia y para transformar la vida. El despliegue feminista desacata el mandato, produce y reaviva nuestros modos de resistencia, ese despliegue de lo común es el que queremos cuidar y cultivar. Este sentido político forma parte de nuestra memoria colectiva viva,  no se coloniza, no se copta, no se apropia. No estaremos dispuestas a que hablen por nosotras/es, esa memoria es de todas/es, y de  cada una/e. 

    La seguiremos narrando el próximo 8 de marzo juntas y juntes en la plaza, no por tradición sino por convicción política.

    Compañera, compañere, atenta atenta atente que camina, la lucha feminista por las calles fernandinas.

    ¡Ni subordinadas ni encerrades! 

    El 8 nos volvemos a encontrar, nos volvemos abrazar, desde la digna rabia y la alegría de sabernos juntas/es.

    TeToKaVoZ-Red Feminista de Maldonado

      

  • Entre madres e hijas/es*

    Entre madres e hijas/es*

    Experiencias que merecen ser contadas **

    «Vos no podes negar lo que sos…¿què es eso de sujeto neutro del conocimiento?

    ¿Quién sos, quién lo vio, qué es eso? «

    Rossana Blanco es una compañera, feminista que ha integrado  diversos àmbitos de participaciòn, militando desde las bases del movimiento social, es docente en facultad, investigadora, madre, hija, actualmente està siendo estudiante de doctorado y emprendiendo un trabajo de campo.

    Rossana vive la experiencia de la investigación como una práctica que difiere de los cánones tradicionales que establece el ámbito académico, aún en sus diferentes corrientes marcadamente masculinizadas, donde la subjetividad debe quedar lo más al margen posible de la producción. El feminismo como opción y perspectiva política de vida nos atraviesa en nuestras prácticas cotidianas domésticas, laborales, vinculares, también en la forma en que construimos pensamiento. Dice Rossana “Investigar desde el feminismo es investigar desde una posición política. Vos sos parte de eso que estas investigando…yo soy feminista, yo fui hija, yo soy madre, no solo no lo puedo negar sino que no lo quiero negar…lo político se juega todo el tiempo en las cosas cotidianas de la vida…” 

    Posicionarse desde una Epistemología Feminista conlleva abandonar modelos filosóficos y metodológicos clásicos del quehacer científico y la producción de conocimiento anclada en el principio de objetivación. Contraria a una posición científica desenmarcada y descarnada del “objeto” de conocimiento, la espistemología feminista coincide en negar la universalidad y la neutralidad no sólo del objeto de conocimiento, también del (los )lugar(es) político(s) desde donde se oberva, reflexiona y  construye ese conocimento. En ese (esos) lugare(s) históricamente ha predominado una perspectiva, masculina, blanca, binaria, heterosexual, y occidental. Investigar y construir pensamiento desde el feminismo implica mirar en múltiples dimensiones, incorporar la politicidad inherente a la realidad que se quiere investigar, reconocer los condicionamientos del contexto histórico, social, económico, hacer visibles las relaciones de poder.

    “Pueden saber mucho de los libros pero de las personas que se van a encontrar no saben nada…no presupongan cosas…Dejar en suspenso todo juicio: escuchar como se habla, atreverme a preguntar,sorprenderme…Me acerco desde ese lugar, desde la humildad y permitiéndome la sorpresa.” 

    Para Rossana este posicionamiento a la hora de investigar invita necesariamente a revisar y visualizar las relaciones de poder que interfieren en el proceso de investigación, implica reconfigurar marcos metodológicos que hagan lugar a dimensiones que generalmente se dejan de lado como la emocionalidad, la historicidad, y las subjetividades desde donde se muestra y/o se enuncia el universo investigado “(…)cada propuesta es distinta aunque estemos con la misma pregunta central…es diferente la forma de llevar adelante la investigación…Yo me voy a sentar a conversar… es una práctica de la conversación,  implica el compromiso ético donde yo también me la estoy jugando y pongo acá mi corazón.”

    Actualmente Rossana está investigando sobre las huellas que dejaron quienes estuvieron vinculades a nuestros cuidados , esas huellas que forman parte más o menos inconsciente de un devenir feminista, aunque en el momento en que se produjeran no fueran nombradas como tales, o incluso identificadas. “ Se me ocurre de que hay algo de lo que hemos vivido con quienes nos maternaron que se hace presente en nuestras prácticas feministas… y que a su vez cuando nos encontramos con otras/es en estas prácticas también resignificamos y reentendemos y vemos de otra manera a esa abuela, a esa madre a esas referencias de quienes nos maternan o maternaron…” ¿Qué caminos recorrimos las mujeres y disidencias que crecimos sin referencias que se autodefinieran feministas? ¿Qué de sus huellas nos constituyen como guerreras, justicieras, irreverentes al status quo? ¿Qué de nuestras madres, abuelas, vecinas, tías que cuidaron, criaron, advirtieron, fue semilla en nuestra decisión política de identificarnos feministas? ¿De qué forma estas exploraciones construyen conocimiento empírico? 

    “Las madres transmiten la ley patriarcal y al mismo tiempo los sueños de rebeldía”

    La subjetividades de nuestras antepasadas merecen ser contadas de una epistemología feminista que visibiliza, que encarna, que territorializa. Este conocimiento también arroja luz para comprender nuestra realidad, para hacer otras lecturas de lo que somos, lo que nos diferencia, lo que nos une. 

    «Las hijas, les hijes feministas, cuando empezamos a militar, cuando empezamos hablar… empieza aparecer siempre de alguna manera la figura de quienes nos maternaron… desde las prácticas feministas me encontré recordando a mi madre y a mis abuelas, dándome cuenta de que tal vez algunas cosas que ellas no habían podido vivir, tal vez yo las estaba pudiendo vivir, y que algunas cosas que a mi en su momento me molestaban o me habia quedado con rabia, ahora las podía pensar con mis compañeras y compañeres  de otra manera.»

    Los relatos, las anécdotas que reviven las subjetividades territorializadas construyen memoria colectiva, generan identificación, lo personal es político, la subjetividad también lo es, y si es político nos pertenece, nos ocupa, nos construye. Llamamos a esta sección “historias y experiencias que merecen ser contadas” buscando visibilizar perfiles nuestros, que son una y muchas, que realizan prácticas feministas en los diversos espacios que habitan, incluso aunque no las verbalizan como tales,  en Rossana además encontramos también el deseo de que la academia cuente otras historias, nombre a otras “para investigar se necesita lo afectivo, investigar para nosotras/es y no siempre para otres…»

     “Estamos en una lucha que tiene que ver con hacer una vida con otras/es…Estamos pensando cómo hacemos para vivir una vida más vivible. Cómo hago para que no me reviente la vida el laburo, el cuidado, ¿Cómo hago?” 

    A nivel mundial atravesamos un contexto económico y cultural depredador y reaccionario en extremo, donde estamos  expuestas constantemente a ser lastimadas/es, atacadas/es, deslegitimadas/es. Estamos  al mismo tiempo sumergidas/es en la reproducción y el sostenimiento de la vida, y accionando para transformarla. Indagar, rememorar, entender los vínculos con nuestros maternajes, desde el acuerdo o el desacuerdo que nos generan, nos conecta  con una  la lucha del orden de lo común, de aspectos  de la realidad cotidiana que nos atraviesan a todas/es. Y en este camino, Rossana, se invita y nos invita a dejarnos afectar por la experiencia, desde lo afectivo, reconocerse, mirarse, para también poder hacer algo con lo colectivo. Deja planteado el desafío de seguir potenciando la política feminista, de proximidad, del reconocimiento de nuestro andar, de identificar opresiones compartidas,  conciliar con nuestra historia, y con nuestro deseo de transformación propio y  de las formas de habitar la vida.

    ** En esta entrevista Rossana Blanco anticipa temáticas que está trabajando en su tesis de doctorado Entre madres e hijas. Transmisión intergeneracional en jóvenes feministas activistas del siglo XXI. Doctorado en Psicología. Universidad Nacional de Córdoba.

    *  Se elige usar a lo largo del texto  la conjugación “e” de modo de que queden incluides distintas identidades sexo-genéricas en consonancia con la discusión acerca de las/les/los sujetos políticos de los feminismos contemporáneos. También se hace uso del femenino y del término mujer en tanto posibilidad existencial y política de un devenir identitario.  No son usos excluyentes sino intencionalmente complementarios

  • … esas historias que merecen ser contadas  I

    … esas historias que merecen ser contadas I

    Foto: Victoria Aranda

    Tenemos necesidad de la memoria, porque el olvido ha sido un elemento utilizado para invisibilizar lo importante. 

    Los olvidos no son casuales, no devienen naturalmente,

    hay toda una tecnología puesta al servicio del poder que hace que se olviden algunas cosas y se recuerden otras.

    Majo vino a Maldonado en 1994 a los 17 años,  faltándole un año para terminar el liceo dejó Treinta y Tres buscando mejorar su calidad de vida y la de su bebé Mati. Llegó a una pensión donde vivió con amigas y luego se trasladó al barrio Kennedy junto a su madre y hermanes. 

    Durante los primeros años en Maldonado se «revolvía» con changas de temporada, trabajando como niñera y vendiendo comida. Fue madre de Lucas, Flor, y Santi. Durante la crisis del 2002 el desempleo golpeó particularmente a las mujeres y al trabajo zafral, Majo participó y acompañó en la comisión de vecines en la organización de una olla popular en el comunal barrial “Salíamos en bicicleta a pedir las donaciones. En un almacén nos daban dos morrones y dos cebollas, y así íbamos. Hacíamos una juntadera y cocinábamos afuera en una olla hecha con un calefón.”

    En el 2004 se inscribió en un plan de realojo de viviendas de ayuda mutua que lanzó la Intendencia en convenio con MEVIR, quedó sorteada y desde entonces afrontó el proceso de construcción que duró casi dos años. Durante este tiempo Majo combinaba el trabajo zafral con el cuidado de sus hijes y las horas que debía cumplir para levantar las paredes y el techo donde viviría con su familia “Subía al camión a mis hijos y los bajaba en lo de mi hermana para poder ir hacer las horas. Nos llevó un año y 8 meses”. Una vez radicada en Cerro Pelado, se desempeñó como vendedora ambulante, trabajó como cuidacoches y como mucama en edificios de Punta del Este durante los meses de verano.

    A pesar de las diferentes medidas para reactivar la economía posterior a la crisis y de la disminución notoria de la tasa de desempleo, aún en 2009 la desocupación de las mujeres duplicaba la de los hombres. Ese mismo año Majo escuchó en un programa de radio local que una constructora abría llamado a cursos teórico-prácticos de electricidad para mujeres. En ese entonces, tras la promulgación de la ley 18.516 (2009) se obligaba a las empresas que realizaban obra pública a contratar un porcentaje del personal del “Registro de peones prácticos y obreros” del MTSS y a regirse por la ratificación de los Convenios de la OIT N° 100 y 101 relativos a combatir la discriminación de oportunidades y trato entre hombres y mujeres; asimismo el BPS lanzaba un plan que otorgaba incentivo económico a las empresas que integraran mujeres. Lentamente, mujeres ingresaron a trabajar formalmente en el rubro de la construcción.  Majo terminó el curso, y en 2012 ingresó por primera vez a trabajar en una obra. 

    Ser mujer en la obra

    La obra se presentó como una oportunidad laboral importante, pero no fácil. Al principio le encargaban tareas como peonas, sacar cajones de la loza, picar paredes, con el tiempo fue aprendiendo a poner el cableado de calefacción en el piso y la losa radiante.  “Era un ambiente exclusivamente de varones. Hubo compañeros que me enseñaron mucho pero también y hasta hoy los hay, los que te mandan a cocinar o a barrer”.

    No fue fácil para Majo ni para sus compañeras transitar estos espacios históricamente masculinizados y con lógicas de funcionamiento patriarcales que seguían excluyendo y discriminando a las mujeres aunque fueran contratadas en las mismas condiciones que ellos. Las situaciones de acoso normalizadas, los chistes y comentarios iban poniendo en alerta a las obreras sobre cómo iban a hacerse oír y respetar “Me tildaban de loca. Con esta no te metas que es brava”. 

    En 2016 sus compañeres la eligieron delegada y así comenzó a militar en los plenarios del sindicato en representación de la empresa. En ese momento entre los reclamos estaba mayor seguridad laboral, categorías de acuerdo a roles existentes y más cupos para el ingreso de mujeres. Con el transcurso del tiempo ganó en formación y aprobación  aunque recuerda que nunca dejaron de persuadirla “A veces me insistían en no decir mucho ni divulgar nada para “no romper la herramienta” pero yo lo que quería es que seamos escuchadas y que nadie hable por nosotras.”

    “Siento la necesidad de seguir estando unida al movimiento feminista porque fue en parte gracias a toda esa movida en la calle en todos lados, que nosotras estamos siendo más respetadas y valoradas”

    Mujer feminista

    Los recorridos que relata Majo por la ciudad antes y a partir de Maldonado están signados por las violencias que viven las mujeres obreras, las madres solteras, las migrantes. Hoy identifica que siempre tuvo un sentido de la injusticia, la necesidad de aliarse con iguales como mecanismo de supervivencia  “Desde chiquita vi la violencia machista de cerca y como podía siempre defendía a mi madre, a mis hermanas, a mis sobrinas”.  

    Hace unos años Majo se acercó a la organización del 8M, se unió a la Red Feminista de Maldonado donde encontró un espacio para compartir vivencias como mujer, obrera y compañera de lucha. “Siento que luchamos contra lo mismo y que hay algo más grande que nos une. Me empecé a sentir identificada y cómoda”. 

    Este año previo al paro internacional su sindicato volvió a discutir el alcance de la medida “Mis compañeras y yo vamos a parar las 24 hs dije en la asamblea -ante la decisión de parar a partir de las 16hs- un compañero puntualiza que ese día era solo de las mujeres asalariadas, teniendo que volver a explicarle lo del trabajo doméstico no asalariado y el de reproducción de la vida, también que hay compañeras que no tienen changa ni trabajo estable”. Transmitir que el capitalismo se alía con el patriarcado para producir desigualdad sigue generando resistencias incluso en el ámbito sindical. Se hace necesario seguir sosteniendo que la reivindicación igual tarea igual salario sigue vigente, que el 8M incluye a la lucha de clases pero la trasciende para defender el derecho a la vida digna, para nombrar a las que no consiguen trabajo, a las esclavizadas, al mandato,  al trabajo invisibilizado que cargamos las mujeres  de sostener la vida de otres a diario.

    Nuevos desafíos y caminos que ya no se pueden caminar escindidos 

    El 13 de marzo la declaración de la alerta sanitaria por el COVID-19 en pleno ingreso de una crisis paralizó la actividad de miles de trabajadores y trabajadoras, Majo, sus vecines y compañeres sindicales  montaron una olla popular en el barrio Cerro Pelado. Mientras comenzaban a concretar el proyecto d de presentar una lista a las elecciones nacionales del SUNCA para poder seguir caminando.  El pasado 20 de junio se escrutaron más de 24 mil votos en todo el país, en Maldonado después de 20 años de que ganara la misma lista, la nueva agrupación consiguió el respaldo popular para transitar esta experiencia en primera línea, por lo que Majo integra ahora la directiva del sindicato y referencia la Comisión de Género. 

    Sabiendo que aún las mujeres siguen estando subrepresentadas -en este y en todos los ámbitos de decisión política-, que sostener la participación y ganar legitimidad política -a pesar del respaldo electivo- implica para ella un sobreesfuerzo solo por el hecho de ser mujer en un ámbito históricamente asociado a los varones, Maria José reivindica la necesidad de no retroceder “Queremos  como mujeres ocupar nuestro espacio y  hacer lo que sintamos, sin lineamientos de ningún tipo y eso a veces cuesta”. Cuenta que si bien se conformó un colectivo con ganas de renovar y ampliar las voces, desandar la lógica de la competencia, incluso entre compañeras -resultado de una cultura que alienta la competencia entre mujeres y activa mecanismos funcionales al sistema machista- es un gran desafío. Pero también la lucha paga, visualiza transformaciones que se traducen en reivindicaciones que se hacen letra,  en la desnaturalización de prácticas machistas en las asambleas, o en la tarea cotidianas en la obra, en nuevos desafíos que se hacen lugar en la agenda política del sindicato, por eso, más que nunca entiende que no hay condiciones para ceder espacio

    “Como mujeres obreras, atravesamos una doble lucha, por un lado la de luchar contra las empresas y patrones y por el otro la de sobrevivir como mujeres, en el trabajo y en todas partes. El ver cómo hay compañeras, hermanas, amigas sufriendo situaciones de violencia, el verlas caer, el llegar a tu casa y tener que seguir .Y cuando entendés que todo esto nos pasa por ser mujeres ya no se puede dejar de luchar”. 

     Referencias

    1 – Fragmento tomado de la entrevista realizada por el programa La Disidente el 6/08/2020.

      2- https://datosmacro.expansion.com/paro/uruguay?anio=2009

  • Tenemos necesidad de la memoria…

    Tenemos necesidad de la memoria…

    El olvido ha sido un elemento utilizado para invisibilizar lo importante. Los olvidos no son casuales, no devienen naturalmente, hay toda una tecnología puesta al servicio del poder que hace que se olviden algunas cosas y se recuerden otras.

    TeToKaVoZ se propone decir desde un territorio cuya trama se sostiene en historias, imaginarios, experiencia, cuerpos, lugares y no lugares. Augé (1992) afirma[1]  que las ciudades actuales, están mayoritariamente construidas por “no lugares”: espacios de pasaje, a los que no todes llegamos y en los que únicamente la acreditación habilita a recorrer en solitario. Mientras que es en los lugares, se puede leer las identidades de quienes estuvieron, están, y dejaron allí su historia. Somos constructoras/es de ciudad, de lugares, y como hacedoras/es de nuestra historia en particular, también construimos la historia de otres.

    Maldonado es el tercer departamento menos extenso del país, el último censo (INE 2014) registró un total de 164.298 personas. Asimismo es de los departamentos con mayor crecimiento poblacional en el período intercensal 2011 – 2014, colocándolo como el tercer departamento más poblado.

    El auge de la construcción en la década de los 60 junto al desarrollo de la hotelería y gastronomía, más los  fenómenos vinculados a la industria turística, lo convirtieron en un punto estratégico para quienes llegaron en busca de trabajo y mejores condiciones de vida. Componen el entramado social un bajo porcentaje de personas nacidas en el departamento y una parte importante de población migrante, que viene principalmente de Montevideo y los departamentos de la región. En las últimas décadas ha crecido en menor medida la migración externa, principalmente personas argentinas propietarias y/o comerciantes que logran una distintiva receptividad  en comparación con migrantes de otros países latinoamericanos. La cuidad no recibe a todes por igual. La inestabilidad del sector turístico dependiente de la inversión extranjera y de la economía de los países vecinos, la estacionalidad; la escasa diversificación de la matriz productiva, y los elevados costos de acceso a la tierra y la vivienda a causa de la especulación inmobiliaria desregulada, han configurado una diversidad de desplazamientos, subjetividades, y territorios dentro de los límites departamentales. ¿Qué elementos cimientan estos límites simbólicos que segmentan a la ciudad de aguas glamorosas y aguas contaminadas?

    Existe un imaginario hegemónico construido sobre Maldonado, que con variaciones léxicas sostiene que “en Maldonado se vive mejor” “En Maldonado son todos chetos” “En Maldonado está la buena vida”, “En Maldonado los malos son siempre los mismos” (los que estorban, les que afectan el paisaje, les que no progresan porque no quieren)” parecería que  habitar el territorio implica per sé, la ampliación de las posibilidades de consumo, y por ende la incorporación de una cultura puntaesteña.

    Por fuera de este imaginario quedan los procesos de segregación y exclusión, las mansiones vacías frente a las precariedad, la criminalización de la pobreza, la explotación sexual y la trata como consecuencia del turismo, el multiempleo y las largas jornadas laborales, el trabajo informal (y la persecución a las personas que lo ejercen) , los trabajos de verano regulados al margen de calendarios y sistemas de protección social. Poco se habla de las categorías de NYC (nacido y criado )y VYK (vino y se quedó)  manejadas en la jerga fernandina como categorías de ciudadanía a las que se les confiere diferentes roles a la hora de formar y tomar parte en las decisiones comunes, en el acceso a los servicios, los medios de producción, o la agenda pública, en un territorio donde personas con patrimonios abismalmente diferentes interactúan o conviven a escasas cuadras. (Gerber 2015)

    ¿Qué pasa con la especulación inmobiliaria de usura o con las excepciones de construcción para edificios enteros construidos para ser ocupados a lo sumo tres meses de verano en detrimento de las condiciones urbanas o la explotación de recursos naturales? Mientras Maldonado se puebla de personas que generan incalculables formas de resistencia con el único fin de tener un techo donde vivir, subsistir, terminar una carrera terciaria, hacerse lugar en el mundo… La imagen de balneario estrella, invisibiliza otras interacciones – interpersonales y con el medio-  que unifican, dan lugar al intercambio, crean contracultura de resistencia, sentido de identidad y habilitan múltiples formas de habitar la ciudad.

    Nos proponemos un decir desde el cuidado y la atención, nos aliamos con la pregunta más que con la afirmación: ¿Qué implicancias tiene escribir desde Maldonado?¿Cuáles son estos lugares, estos espacios fuertemente simbolizados y no solo físicos? ¿En qué intersticios cada une hace su sitio y también el de les otres? ¿Cómo es vivir en el departamento que presenta mayor crecimiento poblacional y económico del país y al mismo tiempo registra el mayor índice de hogares con necesidades básicas insatisfechas? Queremos intervenir la ciudad, conscientes de nuestra huella en el decir y estar con otres, hacemos el ejercicio político de encontrar otros recorridos, otras historias que merecen ser contadas.

    Te ToKaVoZ, Maldonado, Uruguay.

    Referencias

    • Augé, M. (1992). Los no lugares. Espacios del anonimato. Barcelona: Gedisa.
    • Gerber, E. (2015) “Significados y usos de la alteridad : una aproximación etnográfica a los procesos de producción de subjetividad vinculados a la movilidad geográfica en la ciudad de Maldonado” [en línea] Tesis de maestría. Universidad de la República. Facultad de Psicología, Uruguay.

    1. Quien siembra violencia, llama a más violencia, la marcha finalmente no fue pacífica y por marchantes iniciaron los actos vandálicos,…

  • PANdemia: ¿Cuál es la emergencia?

    PANdemia: ¿Cuál es la emergencia?

    Fabiana. R – Abril 2020

    La solidaridad viene de abajo, desde fuera de casa y es la que sostiene los bordes. Sentires de cuarentena, desde el barrio Kennedy en Maldonado


    Desde las primeras semanas de marzo una emergencia sanitaria en medio de una pandemia nos intenta paralizar, nos exhortan a quedarnos en casa (sin importar si hay casa y en qué condiciones), nos alienta a cuidarnos cuando nunca se nos cuida y cuando no siempre se cuenta con las condiciones materiales ni sanitarias para afrontar las medidas de precaución y de sostén. Se pretenden alentar a seguir con la rutina desde casa como si no supieran que las casas no son refugio de nada, sino por el contrario muchas de ellas, terminan siendo cuna de las desigualdades y de las violencias cotidianas más jodidas.

    Con una mezcla de sensaciones, me siento afuera y pienso en todos estos años que hace que vivo en Maldonado. Desde el año 95, tengo guardados los mejores momentos vividos en el barrio y también los peores. Estos últimos han sido siempre producto de las desigualdades. El dolor mayor fue la muerte de mi hermano, quien también fue víctima de un sistema atroz que le dio la espalda.

    Camino una cuadra por Isabel de Castilla hasta la avenida San Pablo. Justo en la esquina donde se aprecian las grandes mansiones sobre la cancha de golf, se ve una humareda que traspasa las líneas de frontera, y es justamente allí, donde vecines del barrio están cocinando la olla que sale a las 12 de todos los medio días, de lunes a sábados. Olla que se pusieron al hombro procurando donaciones de todo tipo,  poniendo una caja afuera, donde cada vecinx aporta lo que puede. El panadero que trabaja desde su casa, aporta el pan en cada almuerzo, trabajadores paradxs se organizan para hacer llegar alimentos. María trae dos panes caseros envueltos en un repasador, lleva 6 viandas, para ella y sus 5 hijxs. Uno de ellos,  el más grande, trabaja en la carnicería del barrio, es menor de edad pero le dan changa. Y junto con ella, es el principal sostén del hogar en estos momentos.

    Quedate en casa dicen pero en el barrio decidimos salir para procurar el sostenimiento de la vida: hacer la cola para la olla, salir a realizar changas, salir a dar un abrazo a la vecina que está depresiva, salir a generar redes de apoyo colectivas.

    La semana pasada en medio de esta situación, nos vimos amenazadxs por una alerta naranja. Los techos de muchas casas se volaron, se desclavaron, se inundaron hogares, mientras que en la acera de enfrente estas mansiones vacías, sin gente, con luces prendidas, nos veían por sus cámaras de video vigilancia.

    Quedate en casa dicen pero salimos a conseguir materiales para arreglar los ranchos.

    Quedate en casa dicen pero Lorena termina yéndose sin rumbo porque no aguanta más la violencia machista.

    Quedate en casa dicen pero Juanita tiene que salir a ver si agarra internet en la casa de al lado para mandar los deberes de la escuela o buscar un lugar donde estar tranquila para hacerlos.

    Quedate en casa dicen pero una compa lleva de apuro a Graciela a parir al hospital, ubicado a 6 km, con otras vecinas que van sabiendo los piques para estar preparadas por si nace en el auto.

    Quedate en casa dicen pero junto con compañeras decidimos habitar el espacio de la merienda feminista, todos los fines de semana, para acompañar a las vecinas más precarizadas que están necesitando una mano.

    Quedate en casa dicen pero se aumenta la cantidad de militarización en las calles.

    Quedate en casa dicen y  todo un mega operativo policial está listo para rodear los barrios pobres.

    Vemos pasearse en sus camionetas (de todo tamaño, de todo color) a las fuerzas de choque geo, republicana, con grandes escopetas y atuendos de guerra. Pasan en combis gigantes de puertas abiertas, apuntando al barrio. Detrás una delegación de motocross de respaldo por si acaso… ¿Acaso? ¿Acaso andan repartiendo viandas o dando un chocolate caliente? ¿Acaso andarán arrimando alguna vecina a buscar la comida a los comedores de la escuela o dando una mano con la gurisada? ¿andarán por llevar a buscar la canasta? (esa que se promete a diario) ¿o quizás dando una mano a la gente en situación de calle que espera afuera de un refugio saturado? o ¿ estarán brindando ayuda alguna, a quienes se les voló el techo con el último temporal?

    Nada de esto sucede, ya lo sabemos. El barrio tiene memoria y tiene muy latente lo que pasa en estos tiempos, donde la precarización y la violencia policial aumenta. Las hemos vivido y sabemos quiénes son las personas que más se joden, también quienes se benefician…Por eso, mientras el estado intenta aislarnos y elige mandar a reprimir a les más jodidxs, otres también jodidxs, son quienes están y estaremos habitando los espacios de solidaridad, poniendo en el centro la vida,  metiendo cuerpo y corazón en medio de tanto circo injusto. Sépanlo.