• Protocolos de abandono, castigo e indiferencia…

    Protocolos de abandono, castigo e indiferencia…

    ¿Qué pasa en la Cárcel Las Rosas?

    Las rutinas de casi todas las personas han cambiado el último año, la declaración de alerta sanitaria modificó los modos de relacionarnos con el afuera ¿Pero qué sucede en los contextos de encierro? 

    La Unidad de Rehabilitación N°13 conocida como cárcel Las Rosas, está ubicada en el departamento de Maldonado, escondida a poco más de dos kilómetros de la ruta 39 que conecta las ciudades de Maldonado y San Carlos.  

    Es sabido que lejos de rehabilitar, las cárceles son instituciones propulsoras de peores condiciones para las personas que las habitan, transitar el encierro carcelario supone para la persona privada de libertad cambios bruscos en todas las dimensiones del ser, que irán repercutiendo de forma paulatina, y dependerá del tiempo en que se permanezca bajo esas condiciones. Las consecuencias se dan tanto a nivel físico como cognitivo, emocional y perceptivo. La prisionalización implica que la persona, poco a poco asuma roles, conductas, actitudes y valores propios de la cultura carcelaria, teniendo como resultado la pérdida de su subjetividad e individualidad.

    La prisión no sólo pone límites edilicios, subordina tanto a las personas presas como a funcionarios y funcionarias, donde el trato se limita a la obediencia de órdenes, marca pautas homogéneas comunes y no contempla la diversidad de personas que allí residen, individualiza y separa impidiendo las vinculaciones con otres.

    En una prisión diseñada en cuanto a infraestructura y presupuesto para albergar a quinientas personas, actualmente conviven en ella el doble de su capacidad, esta situación se agrava aún más, debido al contexto de emergencia sanitaria, a las personas privadas de libertad se les restringen las visitas, se limita la salida al patio, están encerradas durante todo el día en celdas saturadas, con problemas edilicios estructurales, -en espacios que son para tres personas, habitan seis o siete-. En momentos en que los vínculos afectivos y extramuros son fundamentales, se limitan y prohíben, agudizando aún más el aislamiento. 

    El hacinamiento aumenta los riesgos de contagio, el miedo, la violencia entre las personas privadas de libertad y para con los funcionarios y funcionarias. A la violencia institucional sistemática legitimada por el Estado que se sufre durante la privación de libertad, se le suma el aumento del abuso policial en múltiples formas: golpes, amenazas, humillaciones, destratos “lo que sí logran con el tema de la tranca, es que se empiecen a pelar, porque ahora es mucha celda, y cuando haya patio de vuelta va haber muchos cruces y va haber perorata (…) pero que voy hacer yo, no voy a salir al patio, me mantendré re piolita, trancadito, que se maten entre ellos, que voy hacer…» (persona privada de libertad en Unidad N°13 Las Rosas, Abril 2021).

    El domingo 18 de Abril las personas privadas de libertad se movilizaron dentro de la cárcel, organizándose a modo de protesta por las condiciones sanitarias en las que se encuentran. Esa misma semana se confirmaron más de treinta casos positivos de COVID dentro de la unidad y el fallecimiento de una persona que sufrió una afección cardíaca. 

    La agudización de la situación sanitaria tuvo como consecuencia la suspensión de las visitas, de las actividades educativas – las pocas que hay-  así como también de la movilidad de funcionaries , la entrega de encomiendas y la suspensión de la asistencia médica.La noticia sobre el brote de COVID en la cárcel y las pésimas condiciones sanitarias, generó preocupaciones entre familiares, vecinas, amigos de las personas privadas de libertad, quienes decidieron concentrar y movilizarse frente a la Unidad, generando denuncias en redes sociales, y difusión de imágenes y videos.

    Las autoridades desestimaron el reclamo y la movilización, alegando que no se trató de un motín y que la situación fue controlada rápidamente, ¿qué situación no se controla cuando las personas a las que se reprime no pueden escapar a ninguna parte, no cuentan con ninguna herramienta de defensa y tienen hambre y sed? «Están viniendo a las doce de la noche los cascudos, con el zapateo, golpeando escudos. Nos hacen pararnos a todos en el fondo, en el baño y habla el jefe de la Republicana y dice: la cárcel es de nosotros, estamos bien aburridos, no tenemos códigos ninguno, los que tienen que dormir son ustedes. Por cada rendija de la celda nos tiran gas lacrimógeno, y nosotros todos parados en el baño de espalda, sin decirles nada a ninguno de ellos. Y estuvieron viniendo varias noches después de las doce de la noche y siempre repitiendo lo mismo” (persona privada de libertad, Unidad N° 13 Las Rosas, Abril 2021).

    El “rancho” le llaman a la comida que se sirve en la Unidad como almuerzo y como cena todos los días del año, un informe de 2019 del INDDHH la describe como “es  semilíquido  y  los vegetales  no  se  distinguen  porque  pierden  su  estructura  en  la  cocción,  salvo  los trozos  de zanahoria;  aunque  también  se  pueden  detectar  algunos  trozos  de  carne  en  las  porciones servida”.  Esta comida se distribuye en una olla sobre un carro, sin control de temperatura, en el caso de las mujeres privadas de libertad, esta olla recorre un poco más de una cuadra de distancia a la intemperie, desde la zona de elaboración hasta las celdas, se sirve en el recipiente de cada persona, dos cucharones. 

    El agua llega a las celdas en turnos, se habilita para el lavatorio y el inodoro de cada una, en tres turnos al día, durante diez a quince minutos. El informe del INDDHH señala “La  disponibilidad  de  agua  corriente es  inadecuada  para  el  consumo  de  los  internos,  la  cual debería  estar  disponible  en  las  celdas  durante  todo  el día,  tal  como  se  encuentra mencionado en  la Regla  22  de  las Naciones  Unidas.” Este mismo documento concluye y observa que la cantidad y el valor nutricional de la ingesta que reciben las personas privadas libertad es inadecuada e insuficiente, y que “Las  características generales de  la  planta  física como  del  servicio de  alimentación  son inadecuadas  tanto en  el  estado de  conservación  como  de  mantenimiento  y  de  higiene” (Informe INDDHH, 2019). 

    “Estoy pasando hambre, nos bajan el agua diez minutos a las tres de la tarde. Hace más de un mes y medio que no dan asistencia médica todos los martes” (persona privada de libertad, Unidad N°13 Las Rosas, Abril  2021).

    Nos cuidamos… ¿entre todxs?

    Los slogans creados para la gestión de la pandemia no cruzan los muros de la cárcel “Acá adentro nunca se dice nada por miedo a represalia pero necesitamos que se enteren lo que estamos viviendo,ahora la gente se cansó y quisieron hacer un motín y ta´ quedó por esa, gracias a dios no pasó nada” (persona privada de libertad, Unidad N°13 Las Rosas, Abril  2021).

    Al terminar la pena y egresar de los centros que se dicen de “reinserción”, además de cargar con la estigmatización por haber estado en privación de libertad, las personas no logran salir del circuito de violencia institucional, debido a la falta de herramientas y al cierre de oportunidades reales en cuanto a lo laboral, lo educativo ,la vivienda,etc. 

    ¿Quiénes están en las cárceles? La criminalización de la pobreza genera que no todas las personas que cometieron delitos sean privados de su libertad. Lejos de eso, muchos continúan gozando de sus privilegios, desarrollando sus profesiones, dando clases en centros educativos, habitando espacios de poder y toma de decisiones. Para delitos tipificados de la misma forma, el castigo penal y social se mide dependiendo de quién lo cometa o a quienes afecta. 

    Las cárceles siguen colmadas de personas atravesadas por la injusticia social, una injusticia que les coloca al margen de un presente que no está dispuesto a reparar en ellas. Mientras que allí dentro  las prioridades pasan por la supervivencia en lo material y simbólico, el relato de estas personas se nos hace propio, nos interpela, y nos convoca a traspasar la indiferencia, visibilizar una mínima parte de la realidad que quienes detentan el poder del relato pretenden amurallar.

    Esas historias que merecen ser contadas

  • UN AÑO ORGANIZANDO LAS OLLAS POPULARES

    UN AÑO ORGANIZANDO LAS OLLAS POPULARES

    Algunas cifras que se dan desde la coordinadora de ollas en Montevideo nos interpelan, y nos hacen pensar en la crisis y devaluación de la vida. Hay 296 ollas populares funcionando, pero esto no es un número estático, ya que el volumen de usuarios y personas gestionando, de forma voluntaria la coordinación de estas ollas, va aumentando.

    Una realidad que necesita comenzar a abordarse con responsabilidad desde el Estado, los Ministerios de Desarrollo, Educación y Salud, para que las infancias dejen de pasar hambre, para que las y los trabajadores informales tengan una solución digna a la hora de resolver cómo llevar la comida a su hogar. 

    El equipo de MediaRed se acercó a la Olla 1 de mayo, que sale los viernes a las 19:30 horas a repartir comida, frente al Palacio Legislativo, allí hablamos con Stefanie y Eliana.

    ¿Cómo funciona la olla 1 de mayo?

    Stefanie: Trabajamos los viernes desde las 16:00 a las 21:00 horas, salimos a repartir la cena a las 19.30horas, pero empezamos a cocinar a las 16:00 y estamos hasta las 21.30horas aproximadamente, porque hay mucha preparación de comida y después cuando terminamos de servir hay que dejar el espacio limpio, ordenado, lavar las ollas, eso nos implica muchas manos. La olla está conformada por un grupo de vecines, gente del bloque de mujeres feministas antirracistas, integrantes del espacio Enlace, amigues de amigues, va mutando y ajustándose a las necesidades. Nos vamos turnando, la idea es que todes podamos rotar las actividades para no saturar a nadie.

    ¿Cómo planifican las porciones?

    Stefanie: Arrancamos sirviendo entre 130 y 140 porciones, actualmente estamos en 200 o 210, porque ha subido el número de personas que asiste a la olla. Al principio eran 30 a 40 personas, ahora estamos en 60 o 70, también vienen niñes acompañando a quien viene a retirar sus alimentos. En verano hicimos cambio de menú, no podíamos seguir con el plato de invierno, que eran guisos, estofados y demás, ahora adaptamos la olla a las necesidades y al clima, generar un pienso y trabajar con otro menú frío, salpicón con pollo y arroz y verduras.

    La olla más allá de un plato de comida, ¿qué rol está cumpliendo?

    Eliana: Conformar nuevos sujetos políticos desde las bases y sin estar suscritos a ningún partido, esa es la riqueza de esta olla. Aquí realmente se conformó un grupo humano hermoso que se viene sosteniendo hace un año, hay un núcleo de base que en la gestión es imprescindible, para que cada viernes se pueda brindar alimentos, pero lo magnífico es eso, que se unió gente de todas partes, colaboran los sindicatos, las maestras feministas, con la idea de generar un cambio. 

    Pensamos que iba a ser más transitorio, pero obviamente esta va a ser una crisis que va a durar mucho y por algún lado también nos preguntamos: ¿Es una misión de nosotres dar de comer a la gente? ¿El Estado se está responsabilizando de esto? Es un dilema. Lo seguimos haciendo porque creemos que es importante y porque las porciones tampoco bajan, en lugar de mantenerse o disminuir, está en crecimiento, cada vez viene más gente, cada vez son más las porciones que servimos, cada vez cocinamos más comida. Esta agudización neoliberal y pandémica recién empieza, y lo que hace es mostrar el lado más cruel de lo que ya venía pasando y que ahora se agudiza. Todos lo vemos. Quisiéramos poder reconvertir esta acción solidaria en algo menos violento, no está bueno que la gente tenga que venir a una olla a comer.

    Foto de portada archivo MediaRed. Profes Feministas. Mayo 2020

  • MUESTRA FEMINISTA EN DURAZNO

    MUESTRA FEMINISTA EN DURAZNO

    NOS QUIEREN MUSAS PORQUE NOS TEMEN ARTISTAS


    Un 8M diferente nos hizo pensarnos desde la creatividad, creando nuevas formas y creando nuestras formas.

    En el marco del 8M, con motivo de reivindicar los derechos y vivencias de las mujeres y disidencias, les invitamos a prestigiar las obras de la MUESTRA FEMINISTA 8M2021, un espacio de difusión del arte desde los feminismos. A partir del arte nos pensamos, nos construimos y resistimos.


    Las y les artistas participantes en esta muestra son:

    Camila Guerrero – Pintura
    Febe López – Pintura
    Cecilia Beguiristain – Bordado
    Avril Rodriguez – Fotografía
    Romina Rosano – Dibujo
    Edith Darino – Dibujo
    Lucía Favre Samarra – Literatura
    Paz Feijó – Literatura
    Isaac Delgado – Pintura
    Aiara Huerta Ramos – Pintura
    Ángela Atenas Sánchez Camacho – Arte textil y bordado
    Florencia Fernandez – Pintura
    Soledad Fagundez De los Santos – Pintura
    Lelé – Literatura
    Pilar Hernández – Pintura

    Estamos creando un mundo donde sea digna la existencia, estamos ocupando los espacios que antes no nos permitían ocupar, gracias al apoyo del Pequeño Teatro de Durazno será presentada la muestra artística durante el mes de marzo en el Hall del Teatro.

    También se podrá acceder a la muestra virtual mediante las redes sociales de La Colectiva Durazno: @lacolectivadurazno en Instagram y Colectiva Durazno en Facebook.

    Estamos despatriarcalizando el arte, los teatros, las ciudades. Estamos despatriarcalizando la vida.

    La Colectiva Durazno

  • Des-acatar para crear con voz propia/Despliegue feminista 8M

    Des-acatar para crear con voz propia/Despliegue feminista 8M

    TeTokaVoZ /Red Feminista de Maldonado

    Esas historias que merecen ser contadas…

    “Hay herencias , se sepan o no, hay saberes que se transmiten, intuiciones que se preservan y que tienen que ver con el esfuerzo de no olvidar la materialidad de las experiencias;de no sustituir lo que sucede o está pendiente en ese plano por retóricas abstracta o grandes programas” (M° Pía López, Apuntes para la militancia, p51)

    El 8 de marzo histórico de aquellas mujeres que se llamaron a huelga enfrentando a sus opresores, se conecta y se transforma en un 8M de todas y todes les que seguimos apostando a la vida digna. Una memoria de lucha se entrelaza con  realidades diversas y específicas, en cada rincón que nos encuentra, y va creando la historia común, que seguirá transformándose.

    Como expresan las compañeras latinoamericanas en Constelación feminista 8M  “lo arcaico re emerge como actualidad» «(…) la presencia masiva de nosotras/es hablando con voz propia” esa voz propia es la que ha fomentado un despliegue feminista en diversos ámbitos, pero sobre todo, ha fortalecido las formas populares de organización desde abajo, de desobediencia y de creación constante. Esta fuerza construida con voces, cabezas y manos propias, no cayó del cielo, se creó y se recrea en cada encuentro, cada intercambio, cada cántico, cada proclama colectiva,  cada pintada, cada pisada en la plaza del centro, del barrio o en el asfalto caliente, en cada grito y abrazo colectivo. Esta fuerza es la que forja nuestra memoria, una forma de hacer política, que se sabe dinámica, procesual, no exenta de conflictos, pero que vive y resiste, que renuncia a las agendas desde arriba y a las imposiciones lejanas y burócratas. Esta fuerza que pone sobre la mesa el imperativo colectivo de que ya no hay vuelta atrás!

    Hace unos años comenzamos a habitar la calle de Maldonado, cuando decimos la calle decimos el espacio público, las plaza del centro, la torre del vigía, muro en Av. San Pablo, la explanada municipal como punto de partida de las marchas. Desde la necesidad de romper con la indiferencia y de expresar nuestro dolor con los femicidios, construimos un “ir haciendo” común y público que nos transforma en sujetas/es políticas en lucha. Un dolor que nos dice que nuestras vidas valen, que no estamos dispuestas/es a seguir naturalizando la violencia patriarcal, que volvimos para quedarnos, retomar lo que nos han dejado nuestras hermanas históricas, creer y crear otras formas de vida.

    Maldonado, departamento donde la violencia machista alcanza cifras alarmantes, donde la precarización convive con los grandes capitales, en el que y la trata y la explotación sexual como consecuencia de la actividad turística no parecen merecer políticas departamentales específicas, donde la explotación recae sobre los cuerpos feminizados de formas inimaginables. En este territorio geopolítico complejo y hostil, comenzamos a tejer organización.

    Para muchos habitar lo público no implica un reto, lo tenemos claro. Sin embargo, para nosotras, ha implicado un largo proceso de construcción de acuerdos colectivos, aprender prácticas de autocuidado, enfrentamientos con la policía, con los placeros, con la ciudadanía patriarcal. En este proceso de construcción nunca, claro, dejamos de sostener nuestras/es diversas formas de reproducir la vida, de trabajar, de cuidar, de estudiar, de criar. Nos trataron de burguesas, de posmodernas, de intransigentes, de funcionales a la derecha, a pesar de ello seguimos insistiendo, armamos nuestra huelga, apoyándonos en otras compas de todas partes, tramando nuestros pasos, defendiendo lo construido, forjando alianzas necesarias.

    El marzo pasado  cuando gritábamos a viva voz “paramos el mundo”, fue cuando más tuvimos que sostener, cuando más tuvimos que seguir. Lo hicimos sin pensarlo,  porque nuestras vidas están primero y  porque sabemos que donde pega más fuerte la precarización y el desamparo  es en las que maternan sin salario, sin vivienda, sin escuela en el barrio, sin comida, en aquellas/es que sufren más de cerca los recortes estatales y la ausencia de acompañamiento y herramientas para seguir. Porque sabemos que las crisis profundizan las violencias y hacen recaer enteramente la crianza y el maternaje exclusivamente sobre los cuerpos feminizados y algunas existencias se vuelven desechables. También porque  vivimos en carne propia  la precarización laboral en la que nos deja el multiempleo, los recortes, la inflación, el desempleo de familia, amigues y seres querides.

    A pocos días de la euforia en la que nos había dejado otro 8M histórico, vino el caos, el cansancio, la incertidumbre, el aumento de la represión, los femicidios que no cesaron. Vino  también la necesidad de crear, de desobedecer al aislamiento, de estar afuera pero también adentro, de darnos lugar para el llanto y para el disfrute, para pensarnos, para mimarnos cuando todo parecía estallar, de visualizar lo potente de lo común, a pesar de las diferencias y de volver a recargar las fuerzas para seguir.

    Hoy nos encontramos de cara a un nuevo 8 de marzo, en un contexto difícil. Nos quieren sumisas, calladas y aisladas en nuestras casas,  muchas de esas casas son el espacio físico en que  suceden los abusos y feminicidios a manos de nuestras parejas, ex parejas o personas cercanas, o de hombres armados con revólveres  de reglamento, y un estado que no llega a tiempo cuando lo necesitamos, que desoye nuestras denuncias, que no está dispuesto en gastar recursos para cuidarnos de verdad, un estado que nos considera un daño colateral. Mientras, dicen que nos cuidan aumentando la fuerza policial y represiva, atentan directamente contra nuestros cuerpos y nuestras vidas.

    La huelga del 8 M  la hicimos internacional porque resuena en todas partes,  en nuestra vida cotidiana, esa huelga que viene de abajo, esa que nos convoca por nosotras/es mismas/es, esa que amplía, que escucha, que incomoda cuando abre, que concluye pero sigue transformándose porque no queremos la miseria de siempre, porque somos merecedoras/es de otras mundos posibles. En todos los rincones del mundo, traspasa un viento violeta que nos conecta con un andar nuestro, feminista, de a pie y nosotras no fuimos ajenas. La marcha del 8M es la convocatoria que más concurrencia tiene en el departamento, esto está lejos de ser porque las feministas tengamos buena prensa, o apoyo. El encuentro masivo es el resultado de un recorrido de a pie que emprendimos para que se nos escuche como sujetas políticas. Cuando solo querían globos rosados, escenario festivo y clases de zumba, llegamos al  espacio público con una propuesta política de vida. Debatimos, defendimos posturas, construimos nuestro sentido político, creamos las bases para seguir transformando y transformándonos.

    A las madres, hermanas/es, las trabajadoras, les adolescentes que llegan cada año por primera vez a un 8M les convoca el machismo insoportable que circula en las instituciones, en los vínculos, en todos los ámbitos que nos movemos. Somos espacio político de práctica y memoria, auto gestionamos el encuentro, las formas, las consignas, somos nietas de las brujas, hijas e hijes de historias, trabajadoras domésticas, las mucamas, las vendedoras ambulantes, les trabajadoras/es informales desde Punta del Este a José Ignacio, las promotoras, las cocineras, las mozas, las cuidadoras incansables, las/es educadoras, les migrantes que llegaron a Maldonado buscando un mejor lugar para vivir.

    El paro nos vino a decir que no tenemos que pedir permiso para luchar, ni para parar, porque cuando decimos “paramos como podemos”, es porque en esta lucha no sobra ninguna/e, porque las diferencias nos potencian, y porque somos conscientes que no todas/es podemos parar en un trabajo asalariado, pero si estamos gritando y visibilizando que sostenemos la vida, y que si pudiéramos parar, lo haríamos con cualquiera de las obligaciones y mandatos que nos cargan a nuestras espaldas. El paro es también sacar como bandera una trapo violeta al portón o colgar un cartel. El paro es el mate con una amiga para hablar de lo que nos pasa, el momento para nosotras/es, el negarse a realizar las tareas que se nos imponen al menos por un rato “la capacidad de hacer de este instante una modificación total de la vida”(Lonzi 2010, p88).

    Nuestra huelga interpela otras prácticas, porque hacemos política a partir de lo cotidiano, de lo que nos toca, no repitiendo  plataformas reivindicativas que no nos nombran, que se hicieron lejos y sin nosotras. Declaramos colectivas nuestras vivencias, nuestros padecimientos,   los nombramos, para hacer una historia propia, para organizar la rabia y para transformar la vida. El despliegue feminista desacata el mandato, produce y reaviva nuestros modos de resistencia, ese despliegue de lo común es el que queremos cuidar y cultivar. Este sentido político forma parte de nuestra memoria colectiva viva,  no se coloniza, no se copta, no se apropia. No estaremos dispuestas a que hablen por nosotras/es, esa memoria es de todas/es, y de  cada una/e. 

    La seguiremos narrando el próximo 8 de marzo juntas y juntes en la plaza, no por tradición sino por convicción política.

    Compañera, compañere, atenta atenta atente que camina, la lucha feminista por las calles fernandinas.

    ¡Ni subordinadas ni encerrades! 

    El 8 nos volvemos a encontrar, nos volvemos abrazar, desde la digna rabia y la alegría de sabernos juntas/es.

    TeToKaVoZ-Red Feminista de Maldonado

      

  • Entre madres e hijas/es*

    Entre madres e hijas/es*

    Experiencias que merecen ser contadas **

    «Vos no podes negar lo que sos…¿què es eso de sujeto neutro del conocimiento?

    ¿Quién sos, quién lo vio, qué es eso? «

    Rossana Blanco es una compañera, feminista que ha integrado  diversos àmbitos de participaciòn, militando desde las bases del movimiento social, es docente en facultad, investigadora, madre, hija, actualmente està siendo estudiante de doctorado y emprendiendo un trabajo de campo.

    Rossana vive la experiencia de la investigación como una práctica que difiere de los cánones tradicionales que establece el ámbito académico, aún en sus diferentes corrientes marcadamente masculinizadas, donde la subjetividad debe quedar lo más al margen posible de la producción. El feminismo como opción y perspectiva política de vida nos atraviesa en nuestras prácticas cotidianas domésticas, laborales, vinculares, también en la forma en que construimos pensamiento. Dice Rossana “Investigar desde el feminismo es investigar desde una posición política. Vos sos parte de eso que estas investigando…yo soy feminista, yo fui hija, yo soy madre, no solo no lo puedo negar sino que no lo quiero negar…lo político se juega todo el tiempo en las cosas cotidianas de la vida…” 

    Posicionarse desde una Epistemología Feminista conlleva abandonar modelos filosóficos y metodológicos clásicos del quehacer científico y la producción de conocimiento anclada en el principio de objetivación. Contraria a una posición científica desenmarcada y descarnada del “objeto” de conocimiento, la espistemología feminista coincide en negar la universalidad y la neutralidad no sólo del objeto de conocimiento, también del (los )lugar(es) político(s) desde donde se oberva, reflexiona y  construye ese conocimento. En ese (esos) lugare(s) históricamente ha predominado una perspectiva, masculina, blanca, binaria, heterosexual, y occidental. Investigar y construir pensamiento desde el feminismo implica mirar en múltiples dimensiones, incorporar la politicidad inherente a la realidad que se quiere investigar, reconocer los condicionamientos del contexto histórico, social, económico, hacer visibles las relaciones de poder.

    “Pueden saber mucho de los libros pero de las personas que se van a encontrar no saben nada…no presupongan cosas…Dejar en suspenso todo juicio: escuchar como se habla, atreverme a preguntar,sorprenderme…Me acerco desde ese lugar, desde la humildad y permitiéndome la sorpresa.” 

    Para Rossana este posicionamiento a la hora de investigar invita necesariamente a revisar y visualizar las relaciones de poder que interfieren en el proceso de investigación, implica reconfigurar marcos metodológicos que hagan lugar a dimensiones que generalmente se dejan de lado como la emocionalidad, la historicidad, y las subjetividades desde donde se muestra y/o se enuncia el universo investigado “(…)cada propuesta es distinta aunque estemos con la misma pregunta central…es diferente la forma de llevar adelante la investigación…Yo me voy a sentar a conversar… es una práctica de la conversación,  implica el compromiso ético donde yo también me la estoy jugando y pongo acá mi corazón.”

    Actualmente Rossana está investigando sobre las huellas que dejaron quienes estuvieron vinculades a nuestros cuidados , esas huellas que forman parte más o menos inconsciente de un devenir feminista, aunque en el momento en que se produjeran no fueran nombradas como tales, o incluso identificadas. “ Se me ocurre de que hay algo de lo que hemos vivido con quienes nos maternaron que se hace presente en nuestras prácticas feministas… y que a su vez cuando nos encontramos con otras/es en estas prácticas también resignificamos y reentendemos y vemos de otra manera a esa abuela, a esa madre a esas referencias de quienes nos maternan o maternaron…” ¿Qué caminos recorrimos las mujeres y disidencias que crecimos sin referencias que se autodefinieran feministas? ¿Qué de sus huellas nos constituyen como guerreras, justicieras, irreverentes al status quo? ¿Qué de nuestras madres, abuelas, vecinas, tías que cuidaron, criaron, advirtieron, fue semilla en nuestra decisión política de identificarnos feministas? ¿De qué forma estas exploraciones construyen conocimiento empírico? 

    “Las madres transmiten la ley patriarcal y al mismo tiempo los sueños de rebeldía”

    La subjetividades de nuestras antepasadas merecen ser contadas de una epistemología feminista que visibiliza, que encarna, que territorializa. Este conocimiento también arroja luz para comprender nuestra realidad, para hacer otras lecturas de lo que somos, lo que nos diferencia, lo que nos une. 

    «Las hijas, les hijes feministas, cuando empezamos a militar, cuando empezamos hablar… empieza aparecer siempre de alguna manera la figura de quienes nos maternaron… desde las prácticas feministas me encontré recordando a mi madre y a mis abuelas, dándome cuenta de que tal vez algunas cosas que ellas no habían podido vivir, tal vez yo las estaba pudiendo vivir, y que algunas cosas que a mi en su momento me molestaban o me habia quedado con rabia, ahora las podía pensar con mis compañeras y compañeres  de otra manera.»

    Los relatos, las anécdotas que reviven las subjetividades territorializadas construyen memoria colectiva, generan identificación, lo personal es político, la subjetividad también lo es, y si es político nos pertenece, nos ocupa, nos construye. Llamamos a esta sección “historias y experiencias que merecen ser contadas” buscando visibilizar perfiles nuestros, que son una y muchas, que realizan prácticas feministas en los diversos espacios que habitan, incluso aunque no las verbalizan como tales,  en Rossana además encontramos también el deseo de que la academia cuente otras historias, nombre a otras “para investigar se necesita lo afectivo, investigar para nosotras/es y no siempre para otres…»

     “Estamos en una lucha que tiene que ver con hacer una vida con otras/es…Estamos pensando cómo hacemos para vivir una vida más vivible. Cómo hago para que no me reviente la vida el laburo, el cuidado, ¿Cómo hago?” 

    A nivel mundial atravesamos un contexto económico y cultural depredador y reaccionario en extremo, donde estamos  expuestas constantemente a ser lastimadas/es, atacadas/es, deslegitimadas/es. Estamos  al mismo tiempo sumergidas/es en la reproducción y el sostenimiento de la vida, y accionando para transformarla. Indagar, rememorar, entender los vínculos con nuestros maternajes, desde el acuerdo o el desacuerdo que nos generan, nos conecta  con una  la lucha del orden de lo común, de aspectos  de la realidad cotidiana que nos atraviesan a todas/es. Y en este camino, Rossana, se invita y nos invita a dejarnos afectar por la experiencia, desde lo afectivo, reconocerse, mirarse, para también poder hacer algo con lo colectivo. Deja planteado el desafío de seguir potenciando la política feminista, de proximidad, del reconocimiento de nuestro andar, de identificar opresiones compartidas,  conciliar con nuestra historia, y con nuestro deseo de transformación propio y  de las formas de habitar la vida.

    ** En esta entrevista Rossana Blanco anticipa temáticas que está trabajando en su tesis de doctorado Entre madres e hijas. Transmisión intergeneracional en jóvenes feministas activistas del siglo XXI. Doctorado en Psicología. Universidad Nacional de Córdoba.

    *  Se elige usar a lo largo del texto  la conjugación “e” de modo de que queden incluides distintas identidades sexo-genéricas en consonancia con la discusión acerca de las/les/los sujetos políticos de los feminismos contemporáneos. También se hace uso del femenino y del término mujer en tanto posibilidad existencial y política de un devenir identitario.  No son usos excluyentes sino intencionalmente complementarios

  • … esas historias que merecen ser contadas  I

    … esas historias que merecen ser contadas I

    Foto: Victoria Aranda

    Tenemos necesidad de la memoria, porque el olvido ha sido un elemento utilizado para invisibilizar lo importante. 

    Los olvidos no son casuales, no devienen naturalmente,

    hay toda una tecnología puesta al servicio del poder que hace que se olviden algunas cosas y se recuerden otras.

    Majo vino a Maldonado en 1994 a los 17 años,  faltándole un año para terminar el liceo dejó Treinta y Tres buscando mejorar su calidad de vida y la de su bebé Mati. Llegó a una pensión donde vivió con amigas y luego se trasladó al barrio Kennedy junto a su madre y hermanes. 

    Durante los primeros años en Maldonado se «revolvía» con changas de temporada, trabajando como niñera y vendiendo comida. Fue madre de Lucas, Flor, y Santi. Durante la crisis del 2002 el desempleo golpeó particularmente a las mujeres y al trabajo zafral, Majo participó y acompañó en la comisión de vecines en la organización de una olla popular en el comunal barrial “Salíamos en bicicleta a pedir las donaciones. En un almacén nos daban dos morrones y dos cebollas, y así íbamos. Hacíamos una juntadera y cocinábamos afuera en una olla hecha con un calefón.”

    En el 2004 se inscribió en un plan de realojo de viviendas de ayuda mutua que lanzó la Intendencia en convenio con MEVIR, quedó sorteada y desde entonces afrontó el proceso de construcción que duró casi dos años. Durante este tiempo Majo combinaba el trabajo zafral con el cuidado de sus hijes y las horas que debía cumplir para levantar las paredes y el techo donde viviría con su familia “Subía al camión a mis hijos y los bajaba en lo de mi hermana para poder ir hacer las horas. Nos llevó un año y 8 meses”. Una vez radicada en Cerro Pelado, se desempeñó como vendedora ambulante, trabajó como cuidacoches y como mucama en edificios de Punta del Este durante los meses de verano.

    A pesar de las diferentes medidas para reactivar la economía posterior a la crisis y de la disminución notoria de la tasa de desempleo, aún en 2009 la desocupación de las mujeres duplicaba la de los hombres. Ese mismo año Majo escuchó en un programa de radio local que una constructora abría llamado a cursos teórico-prácticos de electricidad para mujeres. En ese entonces, tras la promulgación de la ley 18.516 (2009) se obligaba a las empresas que realizaban obra pública a contratar un porcentaje del personal del “Registro de peones prácticos y obreros” del MTSS y a regirse por la ratificación de los Convenios de la OIT N° 100 y 101 relativos a combatir la discriminación de oportunidades y trato entre hombres y mujeres; asimismo el BPS lanzaba un plan que otorgaba incentivo económico a las empresas que integraran mujeres. Lentamente, mujeres ingresaron a trabajar formalmente en el rubro de la construcción.  Majo terminó el curso, y en 2012 ingresó por primera vez a trabajar en una obra. 

    Ser mujer en la obra

    La obra se presentó como una oportunidad laboral importante, pero no fácil. Al principio le encargaban tareas como peonas, sacar cajones de la loza, picar paredes, con el tiempo fue aprendiendo a poner el cableado de calefacción en el piso y la losa radiante.  “Era un ambiente exclusivamente de varones. Hubo compañeros que me enseñaron mucho pero también y hasta hoy los hay, los que te mandan a cocinar o a barrer”.

    No fue fácil para Majo ni para sus compañeras transitar estos espacios históricamente masculinizados y con lógicas de funcionamiento patriarcales que seguían excluyendo y discriminando a las mujeres aunque fueran contratadas en las mismas condiciones que ellos. Las situaciones de acoso normalizadas, los chistes y comentarios iban poniendo en alerta a las obreras sobre cómo iban a hacerse oír y respetar “Me tildaban de loca. Con esta no te metas que es brava”. 

    En 2016 sus compañeres la eligieron delegada y así comenzó a militar en los plenarios del sindicato en representación de la empresa. En ese momento entre los reclamos estaba mayor seguridad laboral, categorías de acuerdo a roles existentes y más cupos para el ingreso de mujeres. Con el transcurso del tiempo ganó en formación y aprobación  aunque recuerda que nunca dejaron de persuadirla “A veces me insistían en no decir mucho ni divulgar nada para “no romper la herramienta” pero yo lo que quería es que seamos escuchadas y que nadie hable por nosotras.”

    “Siento la necesidad de seguir estando unida al movimiento feminista porque fue en parte gracias a toda esa movida en la calle en todos lados, que nosotras estamos siendo más respetadas y valoradas”

    Mujer feminista

    Los recorridos que relata Majo por la ciudad antes y a partir de Maldonado están signados por las violencias que viven las mujeres obreras, las madres solteras, las migrantes. Hoy identifica que siempre tuvo un sentido de la injusticia, la necesidad de aliarse con iguales como mecanismo de supervivencia  “Desde chiquita vi la violencia machista de cerca y como podía siempre defendía a mi madre, a mis hermanas, a mis sobrinas”.  

    Hace unos años Majo se acercó a la organización del 8M, se unió a la Red Feminista de Maldonado donde encontró un espacio para compartir vivencias como mujer, obrera y compañera de lucha. “Siento que luchamos contra lo mismo y que hay algo más grande que nos une. Me empecé a sentir identificada y cómoda”. 

    Este año previo al paro internacional su sindicato volvió a discutir el alcance de la medida “Mis compañeras y yo vamos a parar las 24 hs dije en la asamblea -ante la decisión de parar a partir de las 16hs- un compañero puntualiza que ese día era solo de las mujeres asalariadas, teniendo que volver a explicarle lo del trabajo doméstico no asalariado y el de reproducción de la vida, también que hay compañeras que no tienen changa ni trabajo estable”. Transmitir que el capitalismo se alía con el patriarcado para producir desigualdad sigue generando resistencias incluso en el ámbito sindical. Se hace necesario seguir sosteniendo que la reivindicación igual tarea igual salario sigue vigente, que el 8M incluye a la lucha de clases pero la trasciende para defender el derecho a la vida digna, para nombrar a las que no consiguen trabajo, a las esclavizadas, al mandato,  al trabajo invisibilizado que cargamos las mujeres  de sostener la vida de otres a diario.

    Nuevos desafíos y caminos que ya no se pueden caminar escindidos 

    El 13 de marzo la declaración de la alerta sanitaria por el COVID-19 en pleno ingreso de una crisis paralizó la actividad de miles de trabajadores y trabajadoras, Majo, sus vecines y compañeres sindicales  montaron una olla popular en el barrio Cerro Pelado. Mientras comenzaban a concretar el proyecto d de presentar una lista a las elecciones nacionales del SUNCA para poder seguir caminando.  El pasado 20 de junio se escrutaron más de 24 mil votos en todo el país, en Maldonado después de 20 años de que ganara la misma lista, la nueva agrupación consiguió el respaldo popular para transitar esta experiencia en primera línea, por lo que Majo integra ahora la directiva del sindicato y referencia la Comisión de Género. 

    Sabiendo que aún las mujeres siguen estando subrepresentadas -en este y en todos los ámbitos de decisión política-, que sostener la participación y ganar legitimidad política -a pesar del respaldo electivo- implica para ella un sobreesfuerzo solo por el hecho de ser mujer en un ámbito históricamente asociado a los varones, Maria José reivindica la necesidad de no retroceder “Queremos  como mujeres ocupar nuestro espacio y  hacer lo que sintamos, sin lineamientos de ningún tipo y eso a veces cuesta”. Cuenta que si bien se conformó un colectivo con ganas de renovar y ampliar las voces, desandar la lógica de la competencia, incluso entre compañeras -resultado de una cultura que alienta la competencia entre mujeres y activa mecanismos funcionales al sistema machista- es un gran desafío. Pero también la lucha paga, visualiza transformaciones que se traducen en reivindicaciones que se hacen letra,  en la desnaturalización de prácticas machistas en las asambleas, o en la tarea cotidianas en la obra, en nuevos desafíos que se hacen lugar en la agenda política del sindicato, por eso, más que nunca entiende que no hay condiciones para ceder espacio

    “Como mujeres obreras, atravesamos una doble lucha, por un lado la de luchar contra las empresas y patrones y por el otro la de sobrevivir como mujeres, en el trabajo y en todas partes. El ver cómo hay compañeras, hermanas, amigas sufriendo situaciones de violencia, el verlas caer, el llegar a tu casa y tener que seguir .Y cuando entendés que todo esto nos pasa por ser mujeres ya no se puede dejar de luchar”. 

     Referencias

    1 – Fragmento tomado de la entrevista realizada por el programa La Disidente el 6/08/2020.

      2- https://datosmacro.expansion.com/paro/uruguay?anio=2009

  • VARONES CARNAVAL

    VARONES CARNAVAL

    El pasado 20 de Agosto, a través de la red Instagram, con la cuenta “Varones Carnaval”, un grupo de mujeres se manifestaron ante las violencias de género en el ámbito del carnaval uruguayo. Con la consigna “estamos hartas de las impunidades con las que los varones del carnaval, nos violentan”, denunciaron el lugar de poder y reconocimiento que se les sigue dando a los agresores en los escenarios del carnaval. En casi seis días esta cuenta tiene más de 250 publicaciones con relatos de situaciones de violencia de género, abuso y explotación sexual comercial en el carnaval y alcanzó casi 45.000 seguidores.

    El llamado de este grupo de mujeres fue: “todas conocemos a varones violentos, del mundo del carnaval. Si querés compartir tu experiencia en total anonimato y cuidado te invitamos a que nos cuentes tu historia”. A partir de esta frase, comenzaron a recibir cientos de relatos de otras mujeres, así como también una serie de amenazas por las denuncias que estaban realizando. 

    El primer relato que reciben dice así “yo quiero contarles, mi experiencia en el carnaval de las promesas, o sea siendo menor, tenía un coreógrafo llamado Diego Piñeyrua, me hacía ir antes a los ensayos y me manoseaba, me daba besos. Nunca me anime a contarlo, porque era “el profesor” y amaba el carnaval. No quería que me saque del conjunto. Se que hizo con otras compañeras lo mismo, inclusive llevarlas a su casa y tener relaciones con ellas (todas menores). El director del conjunto era Pablo Pechi, quien apoyaba y era igual de asqueroso y acosador que el otro”.

    Instagram

    Esta primera denuncia, desencadena una serie de relatos de otras violencias relacionadas a personas muy reconocidas y referentes del mundo del carnaval. La violencia hacia las niñas, adolescentes y mujeres es un fenómeno arraigado en la sociedad uruguaya, el carnaval no escapa a esta triste realidad.

    En estas últimas horas, esta Campaña se viralizó en todas la redes sociales, teniendo un alcance nunca antes visto en Uruguay. El día de ayer, ante el aumento y la gravedad de las amenazas que empezaron a recibir las denunciantes, el caso llegó a Fiscalía de Delitos Sexuales, donde se inició una investigación judicial.

    En esta misma línea, el Intendente de Montevideo Christian Di Candia, manifestó ayer en conferencia de prensa que el Carnaval de las Promesas deja de ser un concurso de competencia para adquirir un carácter recreativo.

    Desde MediaRed APOYAMOS esta Campaña, así como a todas las mujeres y disidencias que hoy rompen el silencio de la cultura de la violación. Las mujeres sufrimos la violencia de género, por el simple hecho de serlo en todos los entramados sociales. Desnaturalizar estas prácticas es responsabilidad de todes.

    Foto: Redes Encuentro de Mujeres Murguistas

    ¡Estamos Juntxs Mujeres!

    ¡Se va a caer, porque lo vamos a tirar!

    ¡NoaLaCulturaDeLaViolación!

  • Tenemos necesidad de la memoria…

    Tenemos necesidad de la memoria…

    El olvido ha sido un elemento utilizado para invisibilizar lo importante. Los olvidos no son casuales, no devienen naturalmente, hay toda una tecnología puesta al servicio del poder que hace que se olviden algunas cosas y se recuerden otras.

    TeToKaVoZ se propone decir desde un territorio cuya trama se sostiene en historias, imaginarios, experiencia, cuerpos, lugares y no lugares. Augé (1992) afirma[1]  que las ciudades actuales, están mayoritariamente construidas por “no lugares”: espacios de pasaje, a los que no todes llegamos y en los que únicamente la acreditación habilita a recorrer en solitario. Mientras que es en los lugares, se puede leer las identidades de quienes estuvieron, están, y dejaron allí su historia. Somos constructoras/es de ciudad, de lugares, y como hacedoras/es de nuestra historia en particular, también construimos la historia de otres.

    Maldonado es el tercer departamento menos extenso del país, el último censo (INE 2014) registró un total de 164.298 personas. Asimismo es de los departamentos con mayor crecimiento poblacional en el período intercensal 2011 – 2014, colocándolo como el tercer departamento más poblado.

    El auge de la construcción en la década de los 60 junto al desarrollo de la hotelería y gastronomía, más los  fenómenos vinculados a la industria turística, lo convirtieron en un punto estratégico para quienes llegaron en busca de trabajo y mejores condiciones de vida. Componen el entramado social un bajo porcentaje de personas nacidas en el departamento y una parte importante de población migrante, que viene principalmente de Montevideo y los departamentos de la región. En las últimas décadas ha crecido en menor medida la migración externa, principalmente personas argentinas propietarias y/o comerciantes que logran una distintiva receptividad  en comparación con migrantes de otros países latinoamericanos. La cuidad no recibe a todes por igual. La inestabilidad del sector turístico dependiente de la inversión extranjera y de la economía de los países vecinos, la estacionalidad; la escasa diversificación de la matriz productiva, y los elevados costos de acceso a la tierra y la vivienda a causa de la especulación inmobiliaria desregulada, han configurado una diversidad de desplazamientos, subjetividades, y territorios dentro de los límites departamentales. ¿Qué elementos cimientan estos límites simbólicos que segmentan a la ciudad de aguas glamorosas y aguas contaminadas?

    Existe un imaginario hegemónico construido sobre Maldonado, que con variaciones léxicas sostiene que “en Maldonado se vive mejor” “En Maldonado son todos chetos” “En Maldonado está la buena vida”, “En Maldonado los malos son siempre los mismos” (los que estorban, les que afectan el paisaje, les que no progresan porque no quieren)” parecería que  habitar el territorio implica per sé, la ampliación de las posibilidades de consumo, y por ende la incorporación de una cultura puntaesteña.

    Por fuera de este imaginario quedan los procesos de segregación y exclusión, las mansiones vacías frente a las precariedad, la criminalización de la pobreza, la explotación sexual y la trata como consecuencia del turismo, el multiempleo y las largas jornadas laborales, el trabajo informal (y la persecución a las personas que lo ejercen) , los trabajos de verano regulados al margen de calendarios y sistemas de protección social. Poco se habla de las categorías de NYC (nacido y criado )y VYK (vino y se quedó)  manejadas en la jerga fernandina como categorías de ciudadanía a las que se les confiere diferentes roles a la hora de formar y tomar parte en las decisiones comunes, en el acceso a los servicios, los medios de producción, o la agenda pública, en un territorio donde personas con patrimonios abismalmente diferentes interactúan o conviven a escasas cuadras. (Gerber 2015)

    ¿Qué pasa con la especulación inmobiliaria de usura o con las excepciones de construcción para edificios enteros construidos para ser ocupados a lo sumo tres meses de verano en detrimento de las condiciones urbanas o la explotación de recursos naturales? Mientras Maldonado se puebla de personas que generan incalculables formas de resistencia con el único fin de tener un techo donde vivir, subsistir, terminar una carrera terciaria, hacerse lugar en el mundo… La imagen de balneario estrella, invisibiliza otras interacciones – interpersonales y con el medio-  que unifican, dan lugar al intercambio, crean contracultura de resistencia, sentido de identidad y habilitan múltiples formas de habitar la ciudad.

    Nos proponemos un decir desde el cuidado y la atención, nos aliamos con la pregunta más que con la afirmación: ¿Qué implicancias tiene escribir desde Maldonado?¿Cuáles son estos lugares, estos espacios fuertemente simbolizados y no solo físicos? ¿En qué intersticios cada une hace su sitio y también el de les otres? ¿Cómo es vivir en el departamento que presenta mayor crecimiento poblacional y económico del país y al mismo tiempo registra el mayor índice de hogares con necesidades básicas insatisfechas? Queremos intervenir la ciudad, conscientes de nuestra huella en el decir y estar con otres, hacemos el ejercicio político de encontrar otros recorridos, otras historias que merecen ser contadas.

    Te ToKaVoZ, Maldonado, Uruguay.

    Referencias

    • Augé, M. (1992). Los no lugares. Espacios del anonimato. Barcelona: Gedisa.
    • Gerber, E. (2015) “Significados y usos de la alteridad : una aproximación etnográfica a los procesos de producción de subjetividad vinculados a la movilidad geográfica en la ciudad de Maldonado” [en línea] Tesis de maestría. Universidad de la República. Facultad de Psicología, Uruguay.

    1. Quien siembra violencia, llama a más violencia, la marcha finalmente no fue pacífica y por marchantes iniciaron los actos vandálicos,…

  • Contá tu aborto en tus términos

    Contá tu aborto en tus términos

    Proyecto Contá Conmigo

    El Proyecto

    “Contá conmigo” es un proyecto que busca hablar de aborto en nuestros propios términos. Creemos que es necesario cambiar la narrativa sobre aborto hablando, escuchando y conectando.
    El proyecto se trata de contar nuestras historias, nuestras trayectorias de acceso a abortos y de hacerlo usando nuestra propia voz. Se trata también de contar la una con la otra y de saber que nuestras historias importan y que no estamos solas.
    A través de mensajes diversos y positivos queremos que nos cuentes tus historias y que cuentes con nosotras para cambiar la forma en que hablamos de aborto y de las personas que los tenemos.

    ¿Quiénes somos?

    Somos mujeres uruguayas con ganas de cambiar la forma como hablamos de aborto

    Bloque en defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos, Montevideo, 8 de marzo de 2020. Fotografía: sojumoho

    ¿De dónde sale el proyecto? 

    Hicimos un análisis del discurso parlamentario en Uruguay sobre el aborto y encontramos que cuando los parlamentarios hablan de la persona que aborta, hablan de una persona que no refleja la diversidad de nuestras experiencias. Somos víctimas, somos egoístas, somos irresponsables, dice el discurso parlamentario. Esas imágenes son incompletas y contribuyen al estigma social del aborto. Este estigma provoca la marginación social, médica y legislativa del aborto y pone barreras que nos dificultan el acceso.

    Contexto

    Uruguay ha logrado avanzar en los últimos años en materia de reconocimiento formal de los derechos sexuales y reproductivos. Este cambio ha sido posible, entre otras cosas, por la demanda ciudadana en reclamos de sus derechos, en especial las organizaciones y movimiento de mujeres y feministas. Sin embargo, el aborto sigue siendo muy estigmatizado.
    El estigma del aborto es construido y reconstruido socialmente. Por eso es importante romper el silencio y crear un dialogo diferente. Se nos ocurrió entonces que teníamos que contar nuestras historias: mostrar nuestra diversidad, nuestras complejidades y nuestras trayectorias. Con nuestra propia voz y en nuestros propios términos. Es así que nace “Contá conmigo”. 

    Objetivos

    Con el apoyo de Abortion Conversation Projects buscamos combatir el estigma del aborto y generar una conversación mas positiva y diversa sobre nuestros derechos.
    El estigma que existe en el tema nos hace sentir solas, aisladas y nos mantiene en silencio.
    El fin del proyecto es contar historias de aborto reales, diversas, complejas y maravillosas. Tan reales, diversas, complejas y maravillosas como las personas que tienen abortos. Sin estereotipos, sin historias ficticias y sin prejuicios.
    Los objetivos del proyecto son recopilar y compartir historias de personas reales que tuvieron aborto(s).
    Porque creemos que el aborto es un derecho y que nuestra voz es poderosa. Creemos que contar nuestras historias de aborto ayuda a normalizar el proceso, a entender que todos amamos a alguien que se hizo un aborto. Creemos que romper el silencio nos acerca y nos hace saber que no estamos solas.  ¡Vení contános tu historia y contá con nosotras! 


    ¡Contanos tu historia y contá con nosotras!


    – ¡Nos podés contar tu historia como quieras! –

    Mandándonos un mail a contaconmigo@riseup.net (plataforma segura de
    comunicación de activistas)
    escribirla en el formulario
    Por Whatsapp
    por mensaje, video, audio o podemos combinar de que te llamemos y nos hablamos (+598 91 249 501)

    Podés encontrarnos en Intagram y Facebook

    para leer las historias puedes clickear aquí

  • Las nietas: Un espacio para visibilizar a las mujeres fotógrafas.

    Las nietas: Un espacio para visibilizar a las mujeres fotógrafas.

    Las nietas forma parte del podcast autogestionado: Creaturas en fuego. Es un espacio dedicado a las mujeres fotógrafas que se propone visibilizar a aquellas que han sido invisibilizadas, conocer sus historias y poner el foco en sus miradas. 

    En esta oportunidad compartiremos con ustedes un episodio dedicado a la primera exposición de mujeres fotógrafas del Uruguay: Campo Minado. Repasamos su historia y tendimos hilos con el presente por medio del diálogo con una de las expositoras, la fotógrafa y docente Lilián Castro.

    Las protagonistas de Campo Minado

    Agosto de 1988, Centro de Exposiciones de la intendencia de Montevideo. En esas coordenadas aconteció la primera exposición de mujeres fotógrafas del Uruguay, un hito en la historia de la fotografía de nuestro país.

    El nombre no fue casual, se buscaba explicitar lo que allí estaba aconteciendo. Campo Minado reunió los trabajos de once fotógrafas: Ana Richero, Clotilde Garro, Diana Mines, Estela Peri, Heidi Siegfried, Ibel Torchia, Lilián Castro, Maida Moubayed, Marta Pagliano, Nancy Urrutia y Verónica Silva. Dina Pintos, fotógrafa y docente fue la curadora.

    El siguiente texto extraído del catálogo de la muestra, nos acerca una idea de lo que fue y significó esta exposición:

    «Provenientes de áreas muy distintas, insertas ahora en actividades que no están vinculadas entre sí, once mujeres convergieron a través de la fotografía en un grupo de discusión para ir encontrando los rasgos pertinentes de la mujer fotógrafa. En la comparación de situaciones y en la reflexión compartida fueron planteándose que si bien todas tienen camino recorrido en la toma fotográfica, la participación de la mujer-fotógrafa en las muestras no es representativa de la actividad que ella desarrolla. ¿Por qué no exponen las mujeres? ¿Por qué no rematan esa investigación de los recursos expresivos de la imagen fotográfica en el contacto con la gente?En la historia personal de cada una se podría encontrar respuestas, pero sin duda, la integración del grupo puso en evidencia que era imprescindible “exponer-se”, salir a la calle para seguir andando. Por eso: “Campo minado”.«


    Tomado de: Catálogo de la muestra de Campo Minado

    Mucho más que una exposición fotográfica

    A treinta años de Campo Minado, el Centro de Fotografía de Montevideo, realizó en el año 2018 una muestra en la cual se expuso una pequeña selección del conjunto de fotografías que integraron la exposición original y se realizó un conversatorio con algunas de las autoras.

    En esta instancia, Diana Mines cuenta cómo surgió la idea de una muestra hecha por mujeres fotógrafas. En el año 1987 una fotógrafa argentina que en ese momento residía en Chicago, Silvia Malagrino, se contacta con ella vía carta. Estaba investigando la participación de las mujeres latinoamericanas en la fotografía. Diana tiene la posibilidad de viajar a EEUU y participar de intercambios con colegas de otras partes del mundo. A raíz de ello, comienza a tomar conciencia de la importancia de hacer visible el trabajo de las mujeres fotógrafas uruguayas, de tomar espacios.

    Se reúnen, y no solo conciben y realizan un producto colectivo en forma de exposición, sino que crean un espacio de intercambio previo, reuniones en las cuales mostraban sus trabajos las unas a las otras, donde intercambiaban desde sus miradas de mujer. Cada una de ellas trabajó un tema diferente y personal, ello también es una característica que la hace única.

    Si bien sus autoras no lo esperaban, mucho se removió con Campo Minado, la reacción del medio fotográfico de la época fue diversa, unes lo celebraron, algunes lo sintieron como una acusación, otres se negaron a ir a verla alegando que “se autodiscriminaban”.

    «(…) fue un ejemplo representativo del desarrollo de una postura de género, en momentos en que las reivindicaciones feministas comenzaban a visibilizarse en la sociedad uruguaya, junto a la ampliación de actividades y propuestas fotográficas que se habilitaron con el retorno a la democracia.«


    Tomado de: http://cdf.montevideo.gub.uy/exposicion/treinta-anos-de-campo-minado

    Ecos en el presente

    Muchas exposiciones de mujeres fotógrafas se han desarrollado desde ese momento hasta nuestros días, muchas cosas han cambiado, pero otras no tanto.

    Hoy algunas de aquellas mujeres que participaron en Campo Minado, forman parte del colectivo de mujeres fotógrafas “En blanca y negra”. El colectivo, conformado por cinco fotógrafas, tiene como objetivo ayudar a deconstruir la invisibilidad de la mujer en la sociedad uruguaya desde una perspectiva de género, con proyectos que salen al espacio público como por ejemplo “Hijas de vidriero” que ha recorrido diferentes puntos del Uruguay, pero cuyo puntapié fue la plaza Primero de Mayo. Se expusieron una serie de fotografías de mujeres trabajadoras durante el congreso del PIT CNT del día de los trabajadores en 2016, en el cual todos los representantes y oradores eran hombres. Casualidad o no, al año siguiente, los oradores en el acto fueron dos mujeres y dos hombres.

    Lilián Castro, fotógrafa, docente, actual integrante del colectivo y participante de aquella primera muestra de mujeres fotógrafas, presentó en esa oportunidad un trabajo muy personal, “Un día todos los días”, en el que nos invita a participar en un momento muy especial de su vida:

    “El cambio de vida, de muchacha soltera, trabajadora y militante que vivía con papá y mamá (hija única además), a ser esposa y madre; (siguiendo con mi trabajo fuera de casa y extrañando mucho la militancia) me tenía con toda la energía abocada a mis nuevos roles… Ese alud de tareas tenía que ver con mi condición de mujer y con el lugar que la sociedad me daba en aquel momento.”


    Tomado de: https://enblancaynegrablog.wordpress.com/lilian/
    Aquí se puede ver la serie fotográfica «Un día todos los días» de Lilián Castro.

    Nos comunicamos con Lilián y le pedimos que compartiera con nosotres, qué significó a su entender la experiencia de Campo Minado, pueden escucharle en el siguiente enlace:

    Nos gustaría cerrar esta nota, con algunas preguntas que abran a la reflexión:

    ¿Qué ha cambiado desde el momento en que Campo Minado irrumpe en la escena para las mujeres fotógrafas uruguayas? ¿Qué permanece en esencia incambiado? ¿Qué otros espacios existen o podemos construir por fuera de las instituciones para visibilizar nuestros trabajos y discursos?